I ahora que? Ahora… mierda
Baile de cifras. Como en cada manifestación del pueblo (cada vez me gusta menos esta expresión). Pasó en julio y vuelve a pasar hoy.
Y esto es todo lo que vamos a sacar de la presunta-no-huelga-general del 29 de Septiembre de 2010. Yo fui a trabajar, no sin dificultades mecánicas, aunque si no hubiera estado de servicios mínimos también hubiera ido. Otra cosa fue el blog…aunque hacía días que no lo actualizaba.
No fue una huelga contra la reforma laboral si no contra el recorte sistemático de derechos ciudadanos que diferentes gobiernos presuntamente socialistas y progresistas llevan haciendo desde hace años, en los que han sembrado aeropuertos con scaneres de todo tipo, las calles con cámaras de seguridad, quieren poner puertas a Internet y luego echar a todos los que no comulguen con los intereses de la industria del ocio y entretenimiento. Gobiernos ultra-paternalistas que nos quieren encerrar en urnas de cristal, asepticas, para que no nos hagamos daño.
Pero como decía, lo único que quedará va a ser el baile de cifras. Todos han ganado, excepto los ciudadanos.
Los sindicatos anclados en su siglo XIX arrimarán el ascua a su sardinilla, dirán a sus bases lo bien que lo han hecho todos y seguirán trabajando… para ellos mismos: presionando a los pequeños empresarios, sellándoles la persiana con silicona (pero creando empleo y riqueza en el gremio de cerrajeros, que conste), rebentando ruedas, rompiendo cristales… pero dudo que ningún piquete se atreva a plantarse delante de la puerta de acceso del Palacio de la Moncloa (o el de la Zarzuela ya puestos) y bloquear el acceso. Más que nada porque en esos dos sitios les lloverían hostias como panes de kilo.
Eso si, seguirán organizando manifestaciones en que el recorrido evite claramente el máximo punto de toma de decisiones de un país democrático: el Congreso de Diputados.
Y los políticos lo mismo, trabajarán para perpetuar su especie, pero entreteniéndonos con el ocasional espectáculo de tensión electoral en que, aparentemente, todos dejan de ser amigos y se pelean (como en los partidos de fútbol de máxima rivalidad, en que jugadores contrarios se pegan, pero que a la semana, jugando con la selección, se abrazan y hasta se dan besos).
Lo que yo he visto es una sociedad muy compartimentada que no tiene ninguna forma de expresarse en absoluto. Y no, poner un sobre cerrado dentro de una caja de plástico una vez cada cuatro años no es, en ningún caso, expresar tu opinión.
Y en cualquiera de las protestas o puñetazos-sobre-la-mesa de los últimos años, la reacción ha sido exactamente la misma:
Hemos escuchado la voz de la ciudadanía. Hay que hacer algo.
Dónde $algo = seguir haciendo exactamente lo mismo y escurrir el bulto.
Pero lo que pasa cuando alguien se siente ignorado, es que devuelve dicha ignorancia. Los ciudadanos tenemos pocas ocasiones para decir lo que pensamos. Y cuando se hace, siempre viene alguien que pone o se adueña de la pancarta, de la frase, de la jornada o, simplemente, nos ignora. Estatut en Catalunya, Ley de Economía Sostenible, ACTA… Tenemos poco que decir. Y con lo que cuesta, cuando se le niega sistemáticamente la palabra a alguien, ¿tiene sentido seguir? En los países civilizados ya haría meses que se hubieran visto antorchas y guadañas por la calle…
¿Tiene sentido evitar que el país se vaya a la mierda cuando todo el mundo parece interesado en hacer precisamente eso? Si la mayoría lo quiere… habrá que respetarlo.





