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Artículos etiquetados y‘copyright absurdo’

Deconstruyendo la cultura libre (2 de 2)

En la primera parte de éste Deconstruyendo la cultura libre, ayer me quedé en el punto en que Javi habla sobre la difusión de contenidos, por lo que hoy enlazo con el que habla sobre la libertad de expresión, punto en el que Javier se equivoca, hasta arriba, porque las hojas no le dejan ver el árbol, y mucho menos el bosque.

Tras las legislaciones tramposas y bazofias como la Digital Millennium Copyright Act, el Anti-Counterfeiting Trade Agreement, la Haute Autorité pour la Diffusion des Oeuvres et la Protection des droits sur Internet, la Digital Economy Bill, la Combating Online Infringement and Counterfeits Act, et cétera, se esconde un peligro. Y ese peligro es que dichas legislaciones crean órganos administrativos competentes por ellos mismos, que actúan con independencia total y que tienen la capacidad ejecutiva de cerrar cualquier sitio web del planeta en tan solo dos o tres días.

Por ejemplo, el sitio web A, creado y mantenido por la persona F en el país J, está alojado en un servidor situado en el país Z. Un intermediario cultural, o un abogado troll del copyright que habita en el país N, lanza una demanda por infracción de copyright. Como los países J, N y Z son firmantes del ACTA, la demanda del troll del copyright, lanzada desde el país N, provocará que los órganos administrativos competentes del país Z, que aloja el servidor, manden a la policía y lo cierren simplemente tras recibir un FAX informativo, y que las autoridades del país J citen a la persona F en un juicio y le caiga un multazo tremendo.

¿A que no se entiende? Pues eso.
Pero lo peor de todo no es que no se entienda, o que los vericuetos legales permitan que mandando un FAX a la otra punta del mundo puedas cerrar un servidor alojado en un país vecino (cosas de La Globalización©), si no que cualquier cosa puede ser considerada como infracción de copyright. Y no hace falta cerrar webs, que se puede, si no solamente cortar los diferentes grifos, económicos o no.

Lo que las legislaciones trampa permiten, es la caza de brujas, sin tribunal (ni civil ni inquisitorial). En una sociedad zombie, como infracción de copyright vale absolutamente todo, desde Julian Assange o Bradley Manning hasta el vecino de arriba que te jode los fines de semana con la música, ya que las demandas de infracción de copyright funcionan de igual manera que las delaciones por brujería en la edad media, las delaciones por judío en la Alemania Nazi, por rojo o masón en la EH!paña nacional-católica, por comunista durante el McArthismo o la acusación de ser un espía suizo por llegar en punto a trabajar en la Rusia Stalinista:

  • no se requiere absolutamente ninguna prueba
  • no es necesario identificarse para efectuar la denuncia
  • proporcionan entretenimiento asegurado por mucho tiempo al denunciado

Y ese entretenimiento va desde un simple periplo de años por el sistema judicial, hasta largas estancias a pensión completa en centros penitenciarios, o la ruina económica total.

Son precisamente estos tres conceptos los que impulsan a estar en contra de ACTAS, DMCAs, COICAS, HADOPIs y leyes de economías sostenibles variadas.

Y para ir ya terminando los puntos que quedan, si se prohíben las descargas, pues igual no se recorta el derecho de acceso a la cultura… igual hasta aumentaría el uso de dicha tecnología, ya sabéis que lo prohibido pone… pero de eso a justificar que la explosión cultural de los 80 en EH!paña se hizo sin necesidad de Internet… que quereis que os diga…
Primero que en los 80 Internet no existía, ni en EH!paña ni en ningún lado. Y segundo, que me cago en la mierda de explosión cultural ochentera española…millones de veces.

El porqué ahora y no antes, bueno, depende de cuanto tiempo atrás vayamos. Todo este rollo de la Ley Sinde nació, ni más ni menos, con el segundo gobierno de Aznar, impulsada por la ministra Ana Birulés que, coincidencias de la vida, pudo haber entrado en el Govern del Presidente Artur Mas.

Y ciertamente, hay mucho revolucionario de sofá (que tienen sus propias herramientas de ejem-activismo-ejem), muchos que silban o se ríen en la cara de personas que han dedicado años y todos sus ahorros a un proyecto. Tengo la desgracia de haber tratado con algunos y no es agradable.

Pero al contrario que Javier, yo si creo que la Cultura es y debe ser libre. Pero por Cultura no hablo, solamente, de música, películas, Internet o blogs. Hablo, por ejemplo, de libros de texto para escuelas (¿nadie se ha preguntado por qué son tan caros y por qué los editores no quieren dejar escapar ese trofeo? ¿De verdad?). El ‘Arte’ no es lo único que tiene copyright, y hay cosas interesantes por ahí, a parte del rollo modernista que va de sarao en sarao.

Pero una de las cuestiones principales, en la que estamos de acuerdo, es en que soy yo, el que escribe esto, quien decide a grandes rasgos qué se puede y qué no se puede hacer con mis cosas, y no quiero que nadie me diga qué tengo que leer ni cuando tengo que hacerlo. Y lo más peligroso de todo, no quiero que me acusen de terrorista o perturbador del statu quo por hacerlo.

Las legislaciones como la Disposición Final de la Ley de Economía Sostenible, Ley Sinde o Biden-Sinde o como narices se les enteste llamarla, hijas de cosas como el ACTA, son perniciosas para todos.

Si a alguien le suena el NAFTA, la PAC o las fechorías del FMI, el ACTA y sus derivados son, simplemente, su versión para bienes digitales y están todos diseñados para beneficiar única y exclusivamente a las grandes industrias del ocio y entretenimiento de los Estados Unidos.


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Deconstruyendo la cultura libre (1 de 2)

El pasado viernes 31 de Diciembre llegué, a través de Narcís que retwiteó a Jorge Galindo, al post de Javi, Desmontando la cultura libre.

Me guardé el enlace porque parecía interesante y bien valía la espera… aunque tenía planeado publicarla antes. Luego se me fue la mano y me ha quedado una cosa algo larga, que dividiré en 2 partes.

Para empezar, contexto.

  • Uno de los conceptos base de la Cultura Libre® es lo de no decidas por mí, aplicado a editores, productores y demás auto-nombrados guardianes de la cultura.
  • Creo en la equidad, no en la igualdad (y mucho menos en que unos sean más iguales que otros), y…
  • …el libre mercado es aquel en que, partiendo de situaciones similares, todos tienen la oportunidad de tirar adelante en una competición libre. Por lo tanto…
  • …aunque gracias a Internet, todos tengamos la oportunidad de ser autores, uno o ninguno se forrará la casa con billetes de 500€, algunos tendrán cierto éxito y la enorme mayoría se quedarán igual.
  • Creo en la propiedad, pero tengo mis dudas sobre la propiedad intelectual. Al menos en su definición actual.
  • Publico mis opiniones, comentarios y visiones sobre contenidos de terceros, así como mis contenidos propios, usando licencias libres (incluyendo el Dominio Público) desde 2004.
  • Free as in freedom, or as is free beer?

En el artículo de La Cosa Pública se van desgranando los típicos tópicos de la Cultura Libre, así que haré el camino inverso.

Sobre el Libre intercambio de información, personalmente no comparto la visión que aparece en el artículo. En todo caso, si que sería interesante hablar sobre las participación de dinero público en la producción cultural, como por ejemplo las subvenciones al mundo del cine.
No creo que sea plan de exigir que toda peli producida con dinero del estado sea gratis, pero si una película recibe dinero que venga de los contribuyentes, ¿no sería lógico que dichos contribuyentes tuvieran un descuento igual al porcentaje de la subvención? Ahí lo dejo.

El segundo punto, el de los derechos adquiridos o retirados, es el que tiene más chicha. Tras unas cuantas vueltas por el mundo de las licencias libres, empezando por la GNU-FDL, la nota de copyright que usa Stallman, Creative Commons y el Dominio Público devolucionista, actualmente éste blog se publica bajo CC Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual.

¿Qué significa ésto? Pues que aquí el nene es el autor, y que cualquiera puede copiar, distribuir y transmitir (e incluso leer) lo que aquí escribo, siempre y cuando respete mi autoría (me señale como autor), no haga un uso comercial (no se apropie ni saque dinero de mi humilde trabajo) y lo haga manteniendo una licencia igual a ésta (concepto de licencia vírica), y lo puede hacer sin pedirme tan siquiera permiso.
Obviamente, las tres restricciones pueden eliminarse en el caso que alguien me escriba a mi y me de argumentos suficientes para hacerlo.

He marcado tres cosas en negrita:

incluso leer: dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y la confirmación del refrán es que existen libros que, para poder leerlos, necesitas pedir permiso¡al editor! Las notas de copyright han sobre-evolucionado hasta llegar a ser la cosa más tremenda y complicada que existe en el interior de la mayoría de libros. Desde que encontré dicha nota, las colecciono. Hay muy pocas iguales.

sin pedirme tan siquiera permiso: las mismas notas de copyright que acabo de comentar, impiden legalmente cualquier uso del texto a menos que se reciba permiso por escrito… ¡del editor! No es así en las licencias CC, e imagino que tampoco en las Coloriuris (las conozco pero no las investigué).

me escriba a mi: en los dos puntos anteriores, el lector avezado se habrá percatado que, en todo caso, siempre hay que escribir al editor. En el mundo editorial, musical y en todo el espectro cultural, o de la Industria de la Cultura, los editores, productores y demás intermediarios guardan celosamente la ventaja de gestionar los derechos de sus escritores, músicos, cantantes, etc… La gestión de esos derechos proporciona una ventaja incalculable, tanto que puede significar que un trabajo se publique o que se quede en un cajón por decisión del guardián de la puerta. Que se lo pregunten a Douglas Rushkoff, cuyo ensayo Ciberia, la vida en las trincheras del ciberespacio, estuvo en un cajón de estos desde 1992 a 1994, ya que según palabras del editor, “esto del Internet y el correo electrónico no tiene ningún futuro”.

Bien cierto que nadie puede decidir por el autor. Así que, ¿qué pasa con tanto gestor cultural que decide qué se publica y qué no, o que decide quién es autor y quién no lo es? Algunos lo tenemos bastante claro, pero hay quien no y defiende a capa y espada a los mismos que deciden por ellos (y de paso se quedan con un buen pellizquito de lo que ganen). La mayoría son autores de betselers, grandes autores que no necesitan la ventaja que comentaba Doctorow en el enlace anterior.
Pero la red proporciona a los pequeños autores, la inmensa mayoría, la misma oportunidad que hubiera sido en su época tener una imprenta de caracteres móviles en casa… pero sin ocupar todo el salón ni los gastos de tinta, papel ni nada. Basta un ordenador portátil, un teléfono móvil y un cable que los una, y los intermediarios tienen bastantes números para saltar por los aires.

En el punto de las supersticiones, Javier y yo volvemos a coincidir. No creo en supersticiones, pero no es lo mismo Cultura que Bagage Cultural. Y si, la cultura y el patrimonio cultural son patrimonio de la humanidad, y hay que protegerlos. Lo que no significa “todo vale“, en ninguno de los sentidos. Ni todo tiene que ser gratis, ni tienen que haber subsidios, subvenciones ni cánones culturales ni tarifas planas para pagar el sustento a los artistas.

Soy de los que tienen la mala costumbre de vivir de su trabajo. Y creo que todos deberíamos hacerlo. Incluso Los Artistas (los de verdad y los faranduleros, aquellos de palmadas en el hombro a la voz de “que pasa, ¡artista!”).
¿Que tu trabajo artístico no te da para vivir? Bienvenido al mundo real amigo. Es hora de hacer turnos dobles en curros de mierda, como el 80% de la población mundial.

En el siguiente punto, trabajo y derechos, estoy casi de acuerdo. Y digo casi, porque creo en la creatividad. Si, hay mucho cacareador / repetidor, y también muchos guruses de los que hablan horas y horas sin decir nada. Pero oye, les funciona.
La cultura del copypaste tiene su rollo. Y para copiar y pegar cosas muy diferentes y que el resultado sea cuando menos interesante, hay que tener creatividad. Y la creatividad, como la realidad, existe.

Y como dije en su día en el artículo enlazado, la propiedad intelectual, si existe, la puede proteger el autor mismo, decidiendo qué uso se le da a su trabajo. Todo lo demás es un residuo artificial, creado por algunos abogados que quieren ganar dinero a costa del trabajo de la creatividad ajena.

Y para proteger y difundir, siguiendo con los puntos de Javier, existe toda una constelación de licencias y contra-licencias más o menos libres, más o menos víricas. Pero claro, ¿quien asegura que lo que escribo en este blog es obra mía? Y de ese mismo modo ¿quien asegura que lo que escribe Pérez-Reverte lo escribe él? Oh, ¡blasfemia! Pues no tanto.
Por qué tiene más credibilidad una persona que otra, ¿por haber vendido más libros? ¿Por tener la barba más frondosa? ¿El pelo más largo? ¿El culo más o menos peludo? Se podrían poner todas las opciones posibles del universo, más o menos arbitrarias, para decidir quién tiene más razón o menos en el momento de asegurar que alguien ha escrito algo. Es un simple hecho de confiar en la palabra de uno o de otro, y ambas palabras valen exactamente lo mismo.
Pero como mi barba es mucho más frondosa, en este caso concreto gano yo, que para eso escribo en mi blog. Y punto.

Y mañana más.


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Domingo de guerras del copyright: Korea

12 diciembre 2010 Deja un comentario

Hace un par de semanas asistimos al show de las dos Koreas. Que si un misil, que si esas maniobras…

Lo que nadie sabe, excepto la Secretaria de Estado norteamericana Hillary R. Clinton, la Recording Industry Asociation of America y algunos paranoicos de la conspiración, es la verdadera razón de todo el sidral: infracción de copyright.

Si amigos, todo empezó con unos coreanos del sur haciendo un fake lip-dub usando una canción pegadiza y un vídeo de las huestes de Kim-Iong-Il. Éste denunció a sus vecinos del sur por hacer mofa y escarnio de su país, la RIAA entró en acción, llegó el cuerpo de marines, China se puso de por medio… y el resto ya lo sabemos.

Que pasaría si el resto de la industria fuera como la del ocio

12 noviembre 2010 1 Comentario

Cuando alguien os pregunte por qué tanta hostia con lo del DRM, los libros electrónicos, la neutralidad de la red o la cultura libre, podeis responder con otra pregunta: ¿qué pasaría si todas las industrias hicieran lo mismo que la industria del ocio y el entretenimiento?

La respuesta, en esta imagen:

Tostadora DRM - by AceJustice

¿Comprarías una tostadora que solamente pudiera tostar pan comprado a un solo vendedor? ¿Verdad que no? Pues con el software para ordenadores, tablet-pcs y teléfonos, la música, los libros electrónicos, etc, pasa exactamente lo mismo.

Visto en cracked.com, vía Boing Boing

Derechos de autor y consentimiento informado

Que todo cristo se está apuntando al rollo del copyright para intentar forrarse a costa de los usuarios clientes nuestra no es noticia.

Que lo haga una clínica dermatológica… pues igual si…

Resulta que la clínica de Minneapolis Crutchfield Dermatology pide a sus clientes que les cedan absolutamente todos los derechos de autor de todo aquello que escriban en Internet o cualquier “medio de comunicación de masas“, ya sea en blogs, comentarios y cualquier otro sistema de publicación.

La razón por la que el Dr. Crutchfield quiere gestionar los derechos de sus pacientes es porque tiene miedo de que escriban malos comentarios que puedan dañar su reputación…

Alguien debería decirle a este señor que intentar impedir que la gente hable, por si acaso hablan mal de ti, es una idea completamente inútil. Decirles a tus clientes que si quieren que les atiendas, previo pago de la consulta de un dermatólogo privado (factura que intuyo no será para nada barata), deben renunciar a escribir nada en internet, o cederte sus derechos a perpetuidad, es totalmente imbécil.

Seguidamente, pego un fragmento de la licencia que este doctor impone a sus pacientes y que merece un reconocimiento especial en mi colección de licencias y notas de copyright absurdas. La negrita es mía.

“In consideration for your medical care and the additional patient protection, described above, by signing this document you or your legal ward agree to refrain from direct or indirect publication or airing of commentary about Crutchfield Dermatology and Dr. Crutchfield’s practice, expertise or treatment except in the manner provided in the preceeding Patient Satisfaction Agreement Procedures. You recognize that Crutchfield Dermatology has made significant investments to develop Crutchfield Dermatology’s practice and reputation for outstanding care, and that published comments on the internet or through mass correspondence may severely damage Crutchfield Dermatology’s practice. By this agreement, you grant all copyright ownership in any and all published statements, comments, blog postings, and any other communication made by you outside of the Patient Satisfaction Agreement Procedures. You further agree that Cruthfield Dermatology is entitled to equitable relief to prevent the initiation or continuation of publishing or airing of such commentary regarding Crutchfield Dermatology’s practice, expertise, or treatment.

Crutchfield Dermatology reserves the right to modify any policies without notice.”

(Visto en BoingBoing)

Segunda carta de Arnau a editores, colaboradores y autores

14 junio 2010 1 Comentario

Finalmente, el viernes recibí respuesta del Sr. Josep Ricou que publico en los comentarios de la primera carta original.

Básicamente dice que la nota está estandarizada, que por mucho que se pidan permisos para reproducir cualquier contenido del libro se deniegan sistemáticamente, y que para no dejar lugar a dudas, me otorga el permiso para leer el libro…

Por eso acabo de mandar una segunda carta, que remitiré también a los colaboradores en la edición así como a los autores:

Buenos días de nuevo Sr. Ricou,

Me complace haber recibido su respuesta, y que lo haya hecho de forma tan rápida. Por otra parte, me parece que no ha entendido del todo mi petición. Mi tolerancia es nula ante notas de copyright abusivas. Y la nota a “Del xino al raval” lo es. Sé perfectamente que las notas son estandarizadas, y precisamente este es el problema. La mayoría de
notas intentan impedir la reproducción indiscriminada, coartando muchos los derechos de compra de un libro. Y es que Sr. Ricou, cuando yo compro una cosa, es mía y hago lo que quiero, la dejo a quien quiero y cuando yo lo deseo y, llegado el caso, la destruyo como y cuando quiero. Y esto incluye los libros.

Hasta donde tengo conocimiento, cuando se compra un libro, se ‘compra un libro’, no una ‘licencia de lectura’.

Referente al punto segundo de su respuesta, me reafirma en mis convicciones ya que ofrecer la posibilidad de citar partes del libro para luego ‘denegarlas sistemáticamente’, es muy feo por su parte y lo encuentro una broma de mal gusto, por no decir una falta total de respeto para los clientes de “Hacer Editorial S.L.” Es más, encuentro bastante
contradictorio, por decirlo suave, que el interés de Hacer Editorial SL sea “la máxima difusión de los textos que publican”, pero estos textos incluyan una “fórmula estandarizada que intenta impedir la reproducción indiscriminada de los textos publicados “y que,” el hecho de solicitar permiso por escrito para reproducirlos, implica que se denieguen sistemáticamente”.
Hay algo que o bien no han entendido, o no funciona.

En fin, que vuelvo a explicar mi petición: no pido permiso para leer su libro. Pido que me devuelvan el dinero que pagué por un libro que no se puede leer sin:
a) incurrir en delito de la propiedad intelectual
y / o
b) pedir permiso por escrito a la editorial (y no al autor) de antemano

Sr. Ricou, ya hace tiempo que no pido permiso para hacer las cosas. Muy menos pediré permiso para usar una cosa para la que ya he pagado.

Atentamente,
Arnau Fuentes Esteller

Derechos de lector

Hace unos días comentaba las típicas notas de copyright que acompañan los libros en formato papel. Una de ellas dejaba entrever que la simple lectura del libro podría constituir delito por infracción de copyright.

Como no quiero convertirme en delincuente por el hecho de leer un libro, acabo de mandar esta carta al director de la editorial para retornar el libro y recuperar mi dinero. Además, reciben copia los colaboradores en la edición:
Publicacions de l’ Ajuntament de Barcelona, Associació per a la Promoció i la Inserció Professional (APIP), Centre de Cultura Contemporània de Barcelona y el Institut de Govern i Polítiques Públiques.
Solamente me falta conseguir contactar con los autores, Joan Subirats y Joaquim Rius. Seguiremos informando.

A la atención del Sr. Josep Ricou Barceló, Director de “Amics i autors de les divulgacions culturals d’ Editorial Hacer S.L.”

Señor Ricou,

Hace tiempo compré, en la librería del CCCB, uno de los libros editados por Hacer Editorial. Concretamente se trata de “Del xino al raval”, escrito por Joan Subirats y Joaquim Rius.
La compra la hice para documentarme para un pequeño ensayo histórico sobre la ciudad de Barcelona.
Lamentablemente, y por razones que no vienen al caso, tuve que abandonar el proyecto.

Ahora intento recuperarlo, y cuando me dispuse a leer el libro comentado, me paré a leer las notas de copyright que a menudo acompañan los libros. Más que nada para saber que puedo y que no puedo hacer con el contenido del libro en cuestión.

La nota en “Del xino al raval” me dejó bastante anonadado, ya que prohibe explícitamente cualquier reproducción, grabación o transmisión mediante ningún sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni en ningún medio, ya sea mecánico, foto-químico, electrónico, magnético, electro-óptico, por fotocopia o cualquier otro, sin previo permiso por escrito de la editorial.

Debo confesar que soy un ciudadano respetuoso con la ley, consciente de mis derechos y deberes y con unos valores propios que he ido construyendo con los años.
Dichos valores incluyen tolerancia cero ante notas de copyright o “notas de derechos de autor” abusivas. Por tanto, y tras consultar con un par de especialistas médicos que me han confirmado que la vista humana es un sistema de recuperación de imagen foto-quimico y electro-optico, me veo en la obligación de retornar el libro a Hacer Editorial S.L., y ni que decir tiene que espero recuperar los 8€ que pagué por él en su momento.

Me sabe muy mal especialmente por los autores del libro, los señores Subirats y Rius, que supongo que deberán retornar la parte correspondiente a derechos de autor que cobraron por ésta copia, ahora retornada. Si me facilitara un método de contacto con ellos, yo mismo les explicaré el caso.
La verdad, prefiero seguir siendo un ciudadano respetuoso con la ley y devolver un libro, que convertirme en delincuente por el simple hecho de leerlo e infringir así la nota de propiedad intelectual.

La presente carta no excluye la posibilidad que, si en un futuro Hacer Editorial S.L. publica libros aptos para un sistema de recuperación de información electro-óptico y foto-químico, es decir, para ser leídos por una persona, vuelva a comprar alguno. Es más, cedo explícitamente mis datos de contacto (mi dirección de correo electrónico) a la Hacer Editorial S.L. para que me avisen si se diera el caso.
Eso si, cualquier otro uso que no sea el mencionado arriba, aparte de la recepción de respuesta a esta misma carta (cosa que espero con ansiedad), será considerado como correo no deseado, pudiendo incurrir en infracción manifiesta de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal, la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico y/o cualquier otra que pueda aprobarse en el futuro derogando las arriba mencionadas. Dicha infracción será reportada a las autoridades pertinentes.

Reciba un cordial saludo y mis más sinceros deseos para éste verano,

Arnau Fuentes Esteller

Programación Neuro-Linguística: Por que decimos lo que decimos

Muchas veces decimos cosas sin pensar, ya sea por costumbre o por repetición. Por ejemplo, que compartir no es delito, o que copiar un CD o dejar un libro es lo mismo que robarlo.

Mediante un enlace de Dave Winer, llego al blog de Stowe Boyd, que comenta el rol social de los libros y cómo las restricciones aplicadas a los libros digitales afectan a ese rol.

Tampoco hay que ponerse de los nervios ni culpar a los nuevos formatos electrónicos, ya que los sistemas DRM (Digital Restrictions Management) no son más que la aplicación efectiva de un pequeño párrafo que está impreso en casi todos los libros. Viene a decir más o menos lo siguiente:

Queda prohibida la reproducción (electrónica, química, mecánica, óptica, de grabación o de fotocopia), distribución, comunicación pública y transformación de cualquier parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, sin la previa autorización escrita de la Editorial.

En uno de los libros en formato tradicional que he adquirido recientemente, a la nota prohibicionista hay que añadir la siguiente:

El escaneado, tele-carga y distribución de este libro mediante Internet o mediante cualquier otro medio sin el permiso del editor es ilegal y punible por ley. Por favor, compra solamente ediciones electrónicas autorizadas, y no participes en ni apoyes la piratería electrónica de material sujeto a copyright. Apreciamos tu apoyo a los derechos del autor.

La verdad es que resulta extremadamente divertido, por no decir lamentable e hipócrita, leer “prohibido hacer nada sin la autorización del editor” y “apreciamos tu apoyo a los derechos del autor” en un mismo párrafo. Y no me he equivocado: derechos DEL autor.

Aunque también hay más ejemplos mucho más absurdos.

Todos los derechos reservados. Este libro no puede ser reproducido, ni totalmente ni parcialmente, ni grabado en, ni transmitido por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni en ningún medio, sea mecánico, foto-químico, electrónico, magnético, electro-óptico, por fotocopia o cualquier otro, sin previo permiso por escrito de la editorial.

Teniendo presente que, hasta dónde yo se, la vista humana es un sistema de recuperación e interpretación de información foto-químico y/o electro-óptico (¿hay algún médico en la sala?), el simple hecho de leer un libro tras haberlo comprado, podría llegar a constituir delito contra la propiedad intelectual (¿hay algún abogado en la sala?.

Dejar un libro tiene una función social y de marketing. Cuando dejamos un libro, a parte de prestar nuestras notas e impresiones, estamos haciendo una recomendación: éste libro me gusta más que éste otro. Y para ello, bien lo dejamos, o bien marcamos (o publicamos) un fragmento que nos gusta especialmente y que puede llegar a terminar con alguien comprando una nueva copia.
Pero según esas notas que, presuntamente, están para proteger el trabajo de un escritor, el hecho de dejar un libro que nos ha gustado a alguien constituye delito contra la propiedad intelectual… ¡¡¡de la editorial!!!

Hay que saber qué decimos. Hay que pensar lo que decimos para poder decir lo que pensamos. Hablar del DRM es recordar este tipo de párrafos que, con un lenguaje tramposo, privan de derechos tanto al autor y responsable de la obra como a los lectores, que han pagado por ella.

Por eso las licencias libres son tan importantes, ya que permiten al autor, y no al editor, poner sus propias reglas.
Convertir a tus lectores en delincuentes no es la solución. Si lo haces, van a comportarse como tales.

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