Archivo

Artículos etiquetados y‘derechos de autor’

En Nación Red: Nueva Zelanda tendrá ley antidescargas

Nueva Zelanda también se ha apuntado al carromato de países con legislación fraudulenta y restrictiva en tanto a derechos de autor, copyright y control de Internet.

Y lo que es peor, es que parece que todo vale a la hora de aprobar dichas leyes. Veranidad y alevosía, o hasta un terremoto.

Aprovechando que se tenían que aprobar un par de cosas en tanto a paliar los efectos del terremoto del pasado mes de Febrero, el Gobierno añadió al paquete la Copyright (Infringing File Sharing) Amendment Bill, algo así como “Ley de enmiendas al copyright (Infracción en la compartición de ficheros)”. El abuso de este procedimiento “de urgencia” ha levantado ampollas en todo el espectro político y social.

Es el primer artículo que publico en Nación Red: Nueva Zelanda también aprueba su “propia” ley anti-descargas.

Ésto es Jólibut

21 enero 2011 1 Comentario

Que la industria del ocio no solamente no dice la verdad si no que miente ya no es noticia.

ZeroPaid ha publicado un interesante artículo en que muestran que la presunta piratería que amenaza a Hollywood es, en terminología gringa, “an inside job”. Un trabajo desde dentro.

Resulta que la inmensa mayoría de Copias No Autorizadas®, se publicaron antes del correspondiente estreno. Resulta significativo, ¿verdad?
Es más, los estudios tienen la práctica extendida de mandar copiones y versiones preliminares a amigos, conocidos, críticos y demás, mientras las películas aún están en cartelera, aún a sabiendas que no van a pasar ni dos días antes que acaben subidas a la red.
Y ni siquiera han pensado en parar de hacerlo.

Me estoy acordando de esa gran demostración que fue la versión de una película de X-Men… sin efectos especiales. Al que piratizó la peli grabándola con una cámara de vídeo en el cine deberían darle un premio Nobel… pero de física, por haber descubierto que viajar en el tiempo es posible.

Y mientras esperamos ése premio, a los que siguen diciendo que la culpa de que Jólibut no gane tanto dinero como antes somos unos delincuentes y merecemos que nos traten como tales se les ve, aún más, el plumero.
Pero como siempre, no hay más ciego que el que no quiere ver.



Flattr this

Deconstruyendo la cultura libre: apendice

Tras los dos artículos (1 y 2) en que presenté mi deconstrucción de la cultura libre, voy encontrando diferentes proyectos de difusión de la misma.
Y no me refiero al cansino tema de las descargas, o de los nuevos modelos de negocio, que van a parte.

Uno de los puntos fuertes del post de Javier Desmontando la cultura libre era que existe un gran sector de su defensores que ni crean, ni hacen ni comparten, si no que se limitan a cacarear y repetir lo que dicen otros.

Pero también hay un sector que si que hace cosas, y que poco a poco va creando nuevos canales y proyectos de difusión. Uno de ellos, Qomun, lo comenté la semana pasada.

De rebote me encontré con Música Lliure, un portal de descargas de música en catalán, que sirve como promoción a los autores, que pueden publicar tanto sus temas, enlazar a sus respectivos sitios de merchandising, poner las fechas de conciertos, et cetera. Ah, y solamente aceptan licencias libres.

La cosa es aumentar la visibilidad de este sector que, aunque parezca mentira, existe, hace cosas bonitas y, encima, hasta puede llegar a ser sostenible, o lo que es lo mismo: sacarse un dinerillo por su trabajo.



Flattr this

Directorio de creaciones libres: Qomun

12 enero 2011 1 Comentario

Ayer y anteayer publiqué algunas de mis reflexiones en tanto a la cultura libre, el culturismo libre y lo que hay detrás, más allá de los clichés de las descargas y el todo gratis.

Dario, un Pirata de l’Anoia, hizo público ayer noche uno de sus proyectos: Qomun, una web cuyo objetivo es recopilar obras bajo licencias libres mediante aportaciones de los usuarios.

Una página de enlaces a creaciones libres de todo tipo (música, imágenes, vídeos, software y literatura) ligeramente diferente que aunque acaba de empezar, es una idea genial y habrá que ir consultando.

¡Felicidades y adelante!

Deconstruyendo la cultura libre (2 de 2)

En la primera parte de éste Deconstruyendo la cultura libre, ayer me quedé en el punto en que Javi habla sobre la difusión de contenidos, por lo que hoy enlazo con el que habla sobre la libertad de expresión, punto en el que Javier se equivoca, hasta arriba, porque las hojas no le dejan ver el árbol, y mucho menos el bosque.

Tras las legislaciones tramposas y bazofias como la Digital Millennium Copyright Act, el Anti-Counterfeiting Trade Agreement, la Haute Autorité pour la Diffusion des Oeuvres et la Protection des droits sur Internet, la Digital Economy Bill, la Combating Online Infringement and Counterfeits Act, et cétera, se esconde un peligro. Y ese peligro es que dichas legislaciones crean órganos administrativos competentes por ellos mismos, que actúan con independencia total y que tienen la capacidad ejecutiva de cerrar cualquier sitio web del planeta en tan solo dos o tres días.

Por ejemplo, el sitio web A, creado y mantenido por la persona F en el país J, está alojado en un servidor situado en el país Z. Un intermediario cultural, o un abogado troll del copyright que habita en el país N, lanza una demanda por infracción de copyright. Como los países J, N y Z son firmantes del ACTA, la demanda del troll del copyright, lanzada desde el país N, provocará que los órganos administrativos competentes del país Z, que aloja el servidor, manden a la policía y lo cierren simplemente tras recibir un FAX informativo, y que las autoridades del país J citen a la persona F en un juicio y le caiga un multazo tremendo.

¿A que no se entiende? Pues eso.
Pero lo peor de todo no es que no se entienda, o que los vericuetos legales permitan que mandando un FAX a la otra punta del mundo puedas cerrar un servidor alojado en un país vecino (cosas de La Globalización©), si no que cualquier cosa puede ser considerada como infracción de copyright. Y no hace falta cerrar webs, que se puede, si no solamente cortar los diferentes grifos, económicos o no.

Lo que las legislaciones trampa permiten, es la caza de brujas, sin tribunal (ni civil ni inquisitorial). En una sociedad zombie, como infracción de copyright vale absolutamente todo, desde Julian Assange o Bradley Manning hasta el vecino de arriba que te jode los fines de semana con la música, ya que las demandas de infracción de copyright funcionan de igual manera que las delaciones por brujería en la edad media, las delaciones por judío en la Alemania Nazi, por rojo o masón en la EH!paña nacional-católica, por comunista durante el McArthismo o la acusación de ser un espía suizo por llegar en punto a trabajar en la Rusia Stalinista:

  • no se requiere absolutamente ninguna prueba
  • no es necesario identificarse para efectuar la denuncia
  • proporcionan entretenimiento asegurado por mucho tiempo al denunciado

Y ese entretenimiento va desde un simple periplo de años por el sistema judicial, hasta largas estancias a pensión completa en centros penitenciarios, o la ruina económica total.

Son precisamente estos tres conceptos los que impulsan a estar en contra de ACTAS, DMCAs, COICAS, HADOPIs y leyes de economías sostenibles variadas.

Y para ir ya terminando los puntos que quedan, si se prohíben las descargas, pues igual no se recorta el derecho de acceso a la cultura… igual hasta aumentaría el uso de dicha tecnología, ya sabéis que lo prohibido pone… pero de eso a justificar que la explosión cultural de los 80 en EH!paña se hizo sin necesidad de Internet… que quereis que os diga…
Primero que en los 80 Internet no existía, ni en EH!paña ni en ningún lado. Y segundo, que me cago en la mierda de explosión cultural ochentera española…millones de veces.

El porqué ahora y no antes, bueno, depende de cuanto tiempo atrás vayamos. Todo este rollo de la Ley Sinde nació, ni más ni menos, con el segundo gobierno de Aznar, impulsada por la ministra Ana Birulés que, coincidencias de la vida, pudo haber entrado en el Govern del Presidente Artur Mas.

Y ciertamente, hay mucho revolucionario de sofá (que tienen sus propias herramientas de ejem-activismo-ejem), muchos que silban o se ríen en la cara de personas que han dedicado años y todos sus ahorros a un proyecto. Tengo la desgracia de haber tratado con algunos y no es agradable.

Pero al contrario que Javier, yo si creo que la Cultura es y debe ser libre. Pero por Cultura no hablo, solamente, de música, películas, Internet o blogs. Hablo, por ejemplo, de libros de texto para escuelas (¿nadie se ha preguntado por qué son tan caros y por qué los editores no quieren dejar escapar ese trofeo? ¿De verdad?). El ‘Arte’ no es lo único que tiene copyright, y hay cosas interesantes por ahí, a parte del rollo modernista que va de sarao en sarao.

Pero una de las cuestiones principales, en la que estamos de acuerdo, es en que soy yo, el que escribe esto, quien decide a grandes rasgos qué se puede y qué no se puede hacer con mis cosas, y no quiero que nadie me diga qué tengo que leer ni cuando tengo que hacerlo. Y lo más peligroso de todo, no quiero que me acusen de terrorista o perturbador del statu quo por hacerlo.

Las legislaciones como la Disposición Final de la Ley de Economía Sostenible, Ley Sinde o Biden-Sinde o como narices se les enteste llamarla, hijas de cosas como el ACTA, son perniciosas para todos.

Si a alguien le suena el NAFTA, la PAC o las fechorías del FMI, el ACTA y sus derivados son, simplemente, su versión para bienes digitales y están todos diseñados para beneficiar única y exclusivamente a las grandes industrias del ocio y entretenimiento de los Estados Unidos.


Flattr this

Deconstruyendo la cultura libre (1 de 2)

El pasado viernes 31 de Diciembre llegué, a través de Narcís que retwiteó a Jorge Galindo, al post de Javi, Desmontando la cultura libre.

Me guardé el enlace porque parecía interesante y bien valía la espera… aunque tenía planeado publicarla antes. Luego se me fue la mano y me ha quedado una cosa algo larga, que dividiré en 2 partes.

Para empezar, contexto.

  • Uno de los conceptos base de la Cultura Libre® es lo de no decidas por mí, aplicado a editores, productores y demás auto-nombrados guardianes de la cultura.
  • Creo en la equidad, no en la igualdad (y mucho menos en que unos sean más iguales que otros), y…
  • …el libre mercado es aquel en que, partiendo de situaciones similares, todos tienen la oportunidad de tirar adelante en una competición libre. Por lo tanto…
  • …aunque gracias a Internet, todos tengamos la oportunidad de ser autores, uno o ninguno se forrará la casa con billetes de 500€, algunos tendrán cierto éxito y la enorme mayoría se quedarán igual.
  • Creo en la propiedad, pero tengo mis dudas sobre la propiedad intelectual. Al menos en su definición actual.
  • Publico mis opiniones, comentarios y visiones sobre contenidos de terceros, así como mis contenidos propios, usando licencias libres (incluyendo el Dominio Público) desde 2004.
  • Free as in freedom, or as is free beer?

En el artículo de La Cosa Pública se van desgranando los típicos tópicos de la Cultura Libre, así que haré el camino inverso.

Sobre el Libre intercambio de información, personalmente no comparto la visión que aparece en el artículo. En todo caso, si que sería interesante hablar sobre las participación de dinero público en la producción cultural, como por ejemplo las subvenciones al mundo del cine.
No creo que sea plan de exigir que toda peli producida con dinero del estado sea gratis, pero si una película recibe dinero que venga de los contribuyentes, ¿no sería lógico que dichos contribuyentes tuvieran un descuento igual al porcentaje de la subvención? Ahí lo dejo.

El segundo punto, el de los derechos adquiridos o retirados, es el que tiene más chicha. Tras unas cuantas vueltas por el mundo de las licencias libres, empezando por la GNU-FDL, la nota de copyright que usa Stallman, Creative Commons y el Dominio Público devolucionista, actualmente éste blog se publica bajo CC Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual.

¿Qué significa ésto? Pues que aquí el nene es el autor, y que cualquiera puede copiar, distribuir y transmitir (e incluso leer) lo que aquí escribo, siempre y cuando respete mi autoría (me señale como autor), no haga un uso comercial (no se apropie ni saque dinero de mi humilde trabajo) y lo haga manteniendo una licencia igual a ésta (concepto de licencia vírica), y lo puede hacer sin pedirme tan siquiera permiso.
Obviamente, las tres restricciones pueden eliminarse en el caso que alguien me escriba a mi y me de argumentos suficientes para hacerlo.

He marcado tres cosas en negrita:

incluso leer: dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y la confirmación del refrán es que existen libros que, para poder leerlos, necesitas pedir permiso¡al editor! Las notas de copyright han sobre-evolucionado hasta llegar a ser la cosa más tremenda y complicada que existe en el interior de la mayoría de libros. Desde que encontré dicha nota, las colecciono. Hay muy pocas iguales.

sin pedirme tan siquiera permiso: las mismas notas de copyright que acabo de comentar, impiden legalmente cualquier uso del texto a menos que se reciba permiso por escrito… ¡del editor! No es así en las licencias CC, e imagino que tampoco en las Coloriuris (las conozco pero no las investigué).

me escriba a mi: en los dos puntos anteriores, el lector avezado se habrá percatado que, en todo caso, siempre hay que escribir al editor. En el mundo editorial, musical y en todo el espectro cultural, o de la Industria de la Cultura, los editores, productores y demás intermediarios guardan celosamente la ventaja de gestionar los derechos de sus escritores, músicos, cantantes, etc… La gestión de esos derechos proporciona una ventaja incalculable, tanto que puede significar que un trabajo se publique o que se quede en un cajón por decisión del guardián de la puerta. Que se lo pregunten a Douglas Rushkoff, cuyo ensayo Ciberia, la vida en las trincheras del ciberespacio, estuvo en un cajón de estos desde 1992 a 1994, ya que según palabras del editor, “esto del Internet y el correo electrónico no tiene ningún futuro”.

Bien cierto que nadie puede decidir por el autor. Así que, ¿qué pasa con tanto gestor cultural que decide qué se publica y qué no, o que decide quién es autor y quién no lo es? Algunos lo tenemos bastante claro, pero hay quien no y defiende a capa y espada a los mismos que deciden por ellos (y de paso se quedan con un buen pellizquito de lo que ganen). La mayoría son autores de betselers, grandes autores que no necesitan la ventaja que comentaba Doctorow en el enlace anterior.
Pero la red proporciona a los pequeños autores, la inmensa mayoría, la misma oportunidad que hubiera sido en su época tener una imprenta de caracteres móviles en casa… pero sin ocupar todo el salón ni los gastos de tinta, papel ni nada. Basta un ordenador portátil, un teléfono móvil y un cable que los una, y los intermediarios tienen bastantes números para saltar por los aires.

En el punto de las supersticiones, Javier y yo volvemos a coincidir. No creo en supersticiones, pero no es lo mismo Cultura que Bagage Cultural. Y si, la cultura y el patrimonio cultural son patrimonio de la humanidad, y hay que protegerlos. Lo que no significa “todo vale“, en ninguno de los sentidos. Ni todo tiene que ser gratis, ni tienen que haber subsidios, subvenciones ni cánones culturales ni tarifas planas para pagar el sustento a los artistas.

Soy de los que tienen la mala costumbre de vivir de su trabajo. Y creo que todos deberíamos hacerlo. Incluso Los Artistas (los de verdad y los faranduleros, aquellos de palmadas en el hombro a la voz de “que pasa, ¡artista!”).
¿Que tu trabajo artístico no te da para vivir? Bienvenido al mundo real amigo. Es hora de hacer turnos dobles en curros de mierda, como el 80% de la población mundial.

En el siguiente punto, trabajo y derechos, estoy casi de acuerdo. Y digo casi, porque creo en la creatividad. Si, hay mucho cacareador / repetidor, y también muchos guruses de los que hablan horas y horas sin decir nada. Pero oye, les funciona.
La cultura del copypaste tiene su rollo. Y para copiar y pegar cosas muy diferentes y que el resultado sea cuando menos interesante, hay que tener creatividad. Y la creatividad, como la realidad, existe.

Y como dije en su día en el artículo enlazado, la propiedad intelectual, si existe, la puede proteger el autor mismo, decidiendo qué uso se le da a su trabajo. Todo lo demás es un residuo artificial, creado por algunos abogados que quieren ganar dinero a costa del trabajo de la creatividad ajena.

Y para proteger y difundir, siguiendo con los puntos de Javier, existe toda una constelación de licencias y contra-licencias más o menos libres, más o menos víricas. Pero claro, ¿quien asegura que lo que escribo en este blog es obra mía? Y de ese mismo modo ¿quien asegura que lo que escribe Pérez-Reverte lo escribe él? Oh, ¡blasfemia! Pues no tanto.
Por qué tiene más credibilidad una persona que otra, ¿por haber vendido más libros? ¿Por tener la barba más frondosa? ¿El pelo más largo? ¿El culo más o menos peludo? Se podrían poner todas las opciones posibles del universo, más o menos arbitrarias, para decidir quién tiene más razón o menos en el momento de asegurar que alguien ha escrito algo. Es un simple hecho de confiar en la palabra de uno o de otro, y ambas palabras valen exactamente lo mismo.
Pero como mi barba es mucho más frondosa, en este caso concreto gano yo, que para eso escribo en mi blog. Y punto.

Y mañana más.


Flattr this

Ladrones y piratas

Via el Libro de Notas he llegado a un bonito enlace en que se hace un caso práctico sobre la piratería y los ladrones de la cultura en España, comparando con un país civilizado como, obamidad o serendípia, el Reino Unido: un mismo libro vale alrededor de 3 veces más en España.

Señores del Mundo Editorial, grandes autores de betselers… ¿quien es realmente el ladrón que se aprovecha del trabajo ajeno?

No hay más ciego que el que no quiere ver

30 diciembre 2010 3 comentarios

Camino al barranco

Estos días leo que se ha abierto un ejem-debate-ejem entre representantes de la Industria Cultural y de la sociedad digital, entre los cuales está la Asociación de Internautas, que lleva años dando la vara con temas, por ejemplo, como la recordada Tarifa Plana.

Una vez hecho el recordatorio, para los recién llegados y los que últimamente preguntan acerca de dicha asociación y de su función, quisiera dejar claro que al debate le veo poco futuro. ¿Pesimista? No, cansado. Ya sea por las fechas u otra cosa. Pero tras todo el percal de hace unos días, la cacareadísima Ley Sinde que tantos festejaron haber tumbado, ya vuelve a coger aire… de las manos de, oh sorpresa, los dos partidos mayoritarios en el Parlamento.
Y no solo eso, si no que a parte del Aquí No Dimite Ni Dios™ al que, patéticamente, ya estamos acostumbrados en éste país de pandereta (y ayer explicaba el por qué), los hay que hablan abiertamente de insumisión fiscal. Oye, pues mira tu que me alegro y ojalá la cosa marche. Éste verano me ahorraré unos eurillos yo también.

Pero mientras sigue el banquete de zombies, mientras las hojas no dejen ver el árbol y mucho menos el bosque, la Industria del Ocio, el Ministerio de la Industria Cultural y Los Creadores™ seguirán dejando pasar oportunidad tras oportunidad… tren tras tren…

Hablando de trenes…

Si no sabes quién es Richard W. Sears, no eres un “emprendedor”. Deberás volver a la escuela y repetir todo el ciclo educativo… eeemmm… venga, como estoy de buenas, solamente tenéis que ver el capítulo 6 de la serie America: the story of us (serie tremendamente recomendable por otra parte)

Allá por 1886, Richard Warren Sears trabajaba como agente-telegrafista en una línea de ferrocarril en Minnesota. Un envío de 2500 relojes de bolsillo de oro llegó a la estación donde trabajaba. Como nadie lo había pedido y nadie los reclamó, decidió comprarlos todos. Luego ofreció los relojes a sus colegas ferroviarios usando el telégrafo… y los vendió todos a 14$, ganando 2$ por reloj. 5000$ de beneficios, limpios… en 1886.

El éxito de la venta estuvo en la capacidad de Richard para observar y reconocer las oportunidades: en aquella época, finales del siglo XIX, los relojes de bolsillo se consideraban una muestra de sofisticación urbana. Por otra parte, debido a la reciente conexión de ambas costas americanas mediante el caballo de hierro, se empezó a aplicar, también allí, lo que hacía unos años se aplicaba en Inglaterra: los husos horarios.

Ya en 1840, la Great Western Railway inglesa sincronizó, por primera vez en la historia, una serie de horas locales en diferentes pueblos de Inglaterra con un horario estándard, el Greenwich Mean Time.
Diez años más tarde, lo que en Inglaterra se conocía como Railway time, se empezó a aplicar en América para configurar los horarios y sincronizar las cinco líneas de ferrocarril que cruzaban los 6000 kilómetros entre costa y costa del continente.

Entre la necesidad laboral del uso de nuevos relojes más precisos entre los agentes ferroviarios, y que éstos relojes eran considerados un lujo y proporcionaba estatus social a los habitantes de la América rural, Richard los vendió todos en seis meses, ganando 10 veces su salario en el ferrocarril. Compró más relojes e inició un servicio de venta por correo a lo largo de la línea de Minnesota.

Richard Sears vió aún más claras las oportunidades que ofrecía el ferrocarril para la venta y distribución de mercancías. Y así fue como nació la venta por catálogo, y se fundó Sears Roebuck & Co., el mayor distribuidor minorista de los Estados Unidos de América, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Sears empezó vendiendo relojes de bolsillo. Alvah Curtis Roebuck, relojero, primer empleado y finalmente socio fundador, se dedicaba a reparar aquellos relojes que eran devueltos. Y luego se incorporó Julius Rosenwald, sastre, lo que amplió la oferta del catálogo.
Relojes, ropa de señora y caballero, arados, bicicletas, neveras, pianos, bombillas… con un catálogo de 700 páginas. Vendían de todo y, menos a su puta madre, vendían mogollón.

Richard asoció las redes descentralizadas, ferrocarril y telégrafo, y vio clara la oportunidad: Sears Roebuck & Co. podía vender cualquier cosa y mandarla de Boston a California en poco menos de una semana.

Cien años y pico más tarde, hoy leo en el New York Times que Sears se ha subido al carro de la venta y alquiler de películas mediante streaming.

Mientras aquí los hay que echan en falta los buenos tiempos, por todo el mundo van saliendo nuevos negocios que solamente los que tengan vista podrán aprovechar. Hace 100 años, Sears vendía 10.000 máquinas de coser usando una red descentralizada, el ferrocarril, y daba el primer paso en la creación del mercado nacional más grande de la historia. Hoy venden y alquilan películas usando la red distribuida de cables de fibra óptica: Internet.

Quien quiera ver, que vea. Los que no, van directos al barranco mientras siguen al flautista.

Categorías:El Blog Etiquetas: , , ,

Los músicos de verdad también hablan

29 diciembre 2010 Deja un comentario

La Asociación de Internautas ha publicado hoy Mi opinión como músico, la visión de Esperanza Galera, músico de los de verdad, sobre todo el percal del Sindegate y la Disposición Final de la LES.

Y es una visión real, de la que pongo un párrafo de muestra:

No, el problema no es la piratería, el problema es lo que la ha provocado a gran escala: la torpeza de la industria de la música para adaptarse a los nuevos tiempos. En vez de avanzar y trabajar en busca de un nuevo modelo de negocio han querido exprimir hasta el final los bums de usar y tirar, ignorando lo que crecía en ese caldo de cultivo. Ahora que la cosa flaquea y no es tan fácil mantener los 5 chalets, LA MANSIÓN EN MIAMI, el Ferrari, el Bugatti y su puta madre, intentan sacar dinero de donde no tienen derecho a meter mano. Te compras un CD para copia privada: pagas. Pones nuestra música para amenizar vuestras fiestas: paga. Tienes conexión a internet y como seguro que no la usas para nada, nada más: paga. Pues lo siento, pero no. No me sale de los huevos. Cuando me descargue tu música, la grabe a mediana escala y la venda, pagaré.

Hay que leer éste artículo. Hay que ver y oír más visiones de las personas que, de verdad, trabajan en el mundo de la música. Los que “van a perder su empleo”… en el caso que, como Galera, aún lo conserven pese a los abusos de la Industria del Ocio.

Un 10.

RIAA, Mastercard, Megaupload y la infracción de copyright

24 diciembre 2010 Deja un comentario

M for Megaupload

Cuando Mastercard le cerró el grifo a Wikileaks, lo hizo con la excusa que la ésta organización estaba cometiendo “infracción de copyright”.

Apenas dos semanas después, en ZeroPaid leía ayer que la Recording Industry Association of America y la Motion Picture Association of America, la asociación de discográficas y la de peliculeros respectivamente, habían empezado a hablar con Mastercard para que la empresa de tarjetas de crédito le cortase también el grifo a Megaupload, una web para intercambio de archivos demasiado grandes para mandar por correo electrónico.

La razón excusa: que Megaupload almacena ficheros que infringen copyright.

Hay que destacar que Megaupload cumple con la hiper-restrictiva DMCA y tiene un sistema interno para retirar contenidos susceptibles de dicha infracción, empezando con que uno debe identificarse de forma válida como el titular de los derechos, o como un representante legalmente autorizado.

Si ya el termino “infracción de copyright” es de por si bastante vago, resulta terriblemente extraño que las asociaciones norteamericanas de peliculeros y artistas musicales (donde “artista”=”Qué pasa, ¡artista, que eres un artista!” acompañado de sonoras palmadas en la espalda en la barra de un bar con 5 cañas de más) quieran cortar los métodos de pago de un negocio 100% legal que tiene definidos unos canales claros para cumplir una legislación que, por otra parte, resulta retrógrada y lesiva para los ciudadanos americanos.

Ya no se trata de renovarse o negarse a renovar. La cosa empieza ya a adoptar la pose del perro rabioso del hortelano, que ni come ni deja comer a nadie.

¿Pero qué ha pasado? Pues que en Megaupload no se han callado, y ya han respondido claramente a las intenciones de la RIAA, la MPAA y Mastercard:

Mega has over 100 million registered users, over 45 million daily unique visitors, employees of over 70% of the worlds fortune 500 companies have accounts with us. We host over a billion legitimate files. Documents, backups, photos, everything. If Mastercard turns against Megaupload they will have a problem, not us.

Para aquellos que tras el revés que se llevó la Disposición Final de la LES ya van soltando que ‘van a ir a por los usuarios‘, se auto-proclaman ‘creadores’ y muy seguro no saben leer y menos en inglés, una traducción gratis:

Mega[upload] tiene más de 100 millones de usuarios registrados, más de 45 millones de visitantes únicos diarios, empleados de más del 70% de empresas dentro del ránking Fortune 500 tienen cuenta con nosotros. Albergamos más de un billón (americano) de ficheros legítimos. Documentos, copias de seguridad, fotos, de todo. Si Mastercard se vuelve en contra de Megaupload, serán ellos los que tengan un problema, no nosotros.

Y es que cuando a uno le da por convertir a sus clientes en delincuentes, suele pasar que esos clientes te mandan a la mierda y se van con su dinero a otra parte.

Muchos por aquí deberían tomar nota de estos nuevos movimientos de las industrias del entretenimiento, destinados a aplicar la teoría del miedo obviando y saltándose la legalidad vigente que ellos mismos se han esforzado tantísimo en aplicar.

Señores “artistas”, déjense de cañas y de amenazas y pónganse a trabajar. El primer paso sería pegarles una patada en el culo a toda esa recua de parásitos que llevan años cobrando comisiones e hinchandoles la cabeza con las animaladas que están diciendo.

Categorías:El Blog Etiquetas: ,
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.