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Artículos etiquetados y‘derechos de lector’

Libros

Ayer compramos los primeros libros de 2011. Un pedido bien majo de unos 66 dólares, incluyendo “Philosophy: whoo needs it” de Ayn Rand que hicimos en Amazon.com. ¿Por qué en Amazon.com y no, pongamos, en la Casa Del Libro?

Primero, en la Casa del Libro me chuscaron un pedido durante mes y medio, aunque al final logré recuperar mis dineros.

Segundo, en CDL, o en cualquier tienda online española, los mismos libros que pedimos en Amazon valen más del doble.

Tercero: había oferta 4×5.

Por cierto, los compramos en papel porque, vaya sorpresa, la versión electrónica salía algo más cara que la atómica, lo que resulta por lo menos curioso, cuando la versión electrónica es una condición indispensable para la edición en papel… por lo cual el coste tiende a es cero.

Señores de la Industria Editorial española: yo que ustedes me empezaba a replantear su modelo de trabajo. Antes de empezar a rasgarse las barbas y tirarse de las vestiduras (o como sea), me plantearía cómo es posible que comprar un libro en una tienda online, y que te lo manden a casa desde unos 6000 km de distancia puede ser más barato que ir a una librería y comprarlo en mano.

Ustedes, que conocen los entresijos de las entidades de gestión que se quedan un pellizquito de cada venta, sabrán mejor que nadie cual es ese pellizquito. Mientras sigan permitiendo que entidades de gestión sigan lucrándose a costa del trabajo de terceras personas, en este caso escritores y autores diversos, no cuenten con ni un sólo céntimo de mis bolsillos. Mientras pueda, voy a comprar mis libros evitando colaborar en financiarles… y de paso eludir el pago del impuesto de lujo por comprar un libro en versión electrónica.

Mientras ustedes sigan llamándome pirata aún cuando sus licencias no me permiten leer un libro que he comprado legalmente, yo seguiré comprando libros fuera del país para que no puedan ver ni un sólo céntimo.

Y digo “mientras pueda” porque visto lo visto no tengo muy claro que pueda comprar libros (o cualquier cosa) en tiendas online si las leyes-bazofia que promueven siguen adelante.

Hasta más ver.

Deconstruyendo la cultura libre: apendice

Tras los dos artículos (1 y 2) en que presenté mi deconstrucción de la cultura libre, voy encontrando diferentes proyectos de difusión de la misma.
Y no me refiero al cansino tema de las descargas, o de los nuevos modelos de negocio, que van a parte.

Uno de los puntos fuertes del post de Javier Desmontando la cultura libre era que existe un gran sector de su defensores que ni crean, ni hacen ni comparten, si no que se limitan a cacarear y repetir lo que dicen otros.

Pero también hay un sector que si que hace cosas, y que poco a poco va creando nuevos canales y proyectos de difusión. Uno de ellos, Qomun, lo comenté la semana pasada.

De rebote me encontré con Música Lliure, un portal de descargas de música en catalán, que sirve como promoción a los autores, que pueden publicar tanto sus temas, enlazar a sus respectivos sitios de merchandising, poner las fechas de conciertos, et cetera. Ah, y solamente aceptan licencias libres.

La cosa es aumentar la visibilidad de este sector que, aunque parezca mentira, existe, hace cosas bonitas y, encima, hasta puede llegar a ser sostenible, o lo que es lo mismo: sacarse un dinerillo por su trabajo.



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Directorio de creaciones libres: Qomun

12 enero 2011 1 Comentario

Ayer y anteayer publiqué algunas de mis reflexiones en tanto a la cultura libre, el culturismo libre y lo que hay detrás, más allá de los clichés de las descargas y el todo gratis.

Dario, un Pirata de l’Anoia, hizo público ayer noche uno de sus proyectos: Qomun, una web cuyo objetivo es recopilar obras bajo licencias libres mediante aportaciones de los usuarios.

Una página de enlaces a creaciones libres de todo tipo (música, imágenes, vídeos, software y literatura) ligeramente diferente que aunque acaba de empezar, es una idea genial y habrá que ir consultando.

¡Felicidades y adelante!

Deconstruyendo la cultura libre (2 de 2)

En la primera parte de éste Deconstruyendo la cultura libre, ayer me quedé en el punto en que Javi habla sobre la difusión de contenidos, por lo que hoy enlazo con el que habla sobre la libertad de expresión, punto en el que Javier se equivoca, hasta arriba, porque las hojas no le dejan ver el árbol, y mucho menos el bosque.

Tras las legislaciones tramposas y bazofias como la Digital Millennium Copyright Act, el Anti-Counterfeiting Trade Agreement, la Haute Autorité pour la Diffusion des Oeuvres et la Protection des droits sur Internet, la Digital Economy Bill, la Combating Online Infringement and Counterfeits Act, et cétera, se esconde un peligro. Y ese peligro es que dichas legislaciones crean órganos administrativos competentes por ellos mismos, que actúan con independencia total y que tienen la capacidad ejecutiva de cerrar cualquier sitio web del planeta en tan solo dos o tres días.

Por ejemplo, el sitio web A, creado y mantenido por la persona F en el país J, está alojado en un servidor situado en el país Z. Un intermediario cultural, o un abogado troll del copyright que habita en el país N, lanza una demanda por infracción de copyright. Como los países J, N y Z son firmantes del ACTA, la demanda del troll del copyright, lanzada desde el país N, provocará que los órganos administrativos competentes del país Z, que aloja el servidor, manden a la policía y lo cierren simplemente tras recibir un FAX informativo, y que las autoridades del país J citen a la persona F en un juicio y le caiga un multazo tremendo.

¿A que no se entiende? Pues eso.
Pero lo peor de todo no es que no se entienda, o que los vericuetos legales permitan que mandando un FAX a la otra punta del mundo puedas cerrar un servidor alojado en un país vecino (cosas de La Globalización©), si no que cualquier cosa puede ser considerada como infracción de copyright. Y no hace falta cerrar webs, que se puede, si no solamente cortar los diferentes grifos, económicos o no.

Lo que las legislaciones trampa permiten, es la caza de brujas, sin tribunal (ni civil ni inquisitorial). En una sociedad zombie, como infracción de copyright vale absolutamente todo, desde Julian Assange o Bradley Manning hasta el vecino de arriba que te jode los fines de semana con la música, ya que las demandas de infracción de copyright funcionan de igual manera que las delaciones por brujería en la edad media, las delaciones por judío en la Alemania Nazi, por rojo o masón en la EH!paña nacional-católica, por comunista durante el McArthismo o la acusación de ser un espía suizo por llegar en punto a trabajar en la Rusia Stalinista:

  • no se requiere absolutamente ninguna prueba
  • no es necesario identificarse para efectuar la denuncia
  • proporcionan entretenimiento asegurado por mucho tiempo al denunciado

Y ese entretenimiento va desde un simple periplo de años por el sistema judicial, hasta largas estancias a pensión completa en centros penitenciarios, o la ruina económica total.

Son precisamente estos tres conceptos los que impulsan a estar en contra de ACTAS, DMCAs, COICAS, HADOPIs y leyes de economías sostenibles variadas.

Y para ir ya terminando los puntos que quedan, si se prohíben las descargas, pues igual no se recorta el derecho de acceso a la cultura… igual hasta aumentaría el uso de dicha tecnología, ya sabéis que lo prohibido pone… pero de eso a justificar que la explosión cultural de los 80 en EH!paña se hizo sin necesidad de Internet… que quereis que os diga…
Primero que en los 80 Internet no existía, ni en EH!paña ni en ningún lado. Y segundo, que me cago en la mierda de explosión cultural ochentera española…millones de veces.

El porqué ahora y no antes, bueno, depende de cuanto tiempo atrás vayamos. Todo este rollo de la Ley Sinde nació, ni más ni menos, con el segundo gobierno de Aznar, impulsada por la ministra Ana Birulés que, coincidencias de la vida, pudo haber entrado en el Govern del Presidente Artur Mas.

Y ciertamente, hay mucho revolucionario de sofá (que tienen sus propias herramientas de ejem-activismo-ejem), muchos que silban o se ríen en la cara de personas que han dedicado años y todos sus ahorros a un proyecto. Tengo la desgracia de haber tratado con algunos y no es agradable.

Pero al contrario que Javier, yo si creo que la Cultura es y debe ser libre. Pero por Cultura no hablo, solamente, de música, películas, Internet o blogs. Hablo, por ejemplo, de libros de texto para escuelas (¿nadie se ha preguntado por qué son tan caros y por qué los editores no quieren dejar escapar ese trofeo? ¿De verdad?). El ‘Arte’ no es lo único que tiene copyright, y hay cosas interesantes por ahí, a parte del rollo modernista que va de sarao en sarao.

Pero una de las cuestiones principales, en la que estamos de acuerdo, es en que soy yo, el que escribe esto, quien decide a grandes rasgos qué se puede y qué no se puede hacer con mis cosas, y no quiero que nadie me diga qué tengo que leer ni cuando tengo que hacerlo. Y lo más peligroso de todo, no quiero que me acusen de terrorista o perturbador del statu quo por hacerlo.

Las legislaciones como la Disposición Final de la Ley de Economía Sostenible, Ley Sinde o Biden-Sinde o como narices se les enteste llamarla, hijas de cosas como el ACTA, son perniciosas para todos.

Si a alguien le suena el NAFTA, la PAC o las fechorías del FMI, el ACTA y sus derivados son, simplemente, su versión para bienes digitales y están todos diseñados para beneficiar única y exclusivamente a las grandes industrias del ocio y entretenimiento de los Estados Unidos.


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Deconstruyendo la cultura libre (1 de 2)

El pasado viernes 31 de Diciembre llegué, a través de Narcís que retwiteó a Jorge Galindo, al post de Javi, Desmontando la cultura libre.

Me guardé el enlace porque parecía interesante y bien valía la espera… aunque tenía planeado publicarla antes. Luego se me fue la mano y me ha quedado una cosa algo larga, que dividiré en 2 partes.

Para empezar, contexto.

  • Uno de los conceptos base de la Cultura Libre® es lo de no decidas por mí, aplicado a editores, productores y demás auto-nombrados guardianes de la cultura.
  • Creo en la equidad, no en la igualdad (y mucho menos en que unos sean más iguales que otros), y…
  • …el libre mercado es aquel en que, partiendo de situaciones similares, todos tienen la oportunidad de tirar adelante en una competición libre. Por lo tanto…
  • …aunque gracias a Internet, todos tengamos la oportunidad de ser autores, uno o ninguno se forrará la casa con billetes de 500€, algunos tendrán cierto éxito y la enorme mayoría se quedarán igual.
  • Creo en la propiedad, pero tengo mis dudas sobre la propiedad intelectual. Al menos en su definición actual.
  • Publico mis opiniones, comentarios y visiones sobre contenidos de terceros, así como mis contenidos propios, usando licencias libres (incluyendo el Dominio Público) desde 2004.
  • Free as in freedom, or as is free beer?

En el artículo de La Cosa Pública se van desgranando los típicos tópicos de la Cultura Libre, así que haré el camino inverso.

Sobre el Libre intercambio de información, personalmente no comparto la visión que aparece en el artículo. En todo caso, si que sería interesante hablar sobre las participación de dinero público en la producción cultural, como por ejemplo las subvenciones al mundo del cine.
No creo que sea plan de exigir que toda peli producida con dinero del estado sea gratis, pero si una película recibe dinero que venga de los contribuyentes, ¿no sería lógico que dichos contribuyentes tuvieran un descuento igual al porcentaje de la subvención? Ahí lo dejo.

El segundo punto, el de los derechos adquiridos o retirados, es el que tiene más chicha. Tras unas cuantas vueltas por el mundo de las licencias libres, empezando por la GNU-FDL, la nota de copyright que usa Stallman, Creative Commons y el Dominio Público devolucionista, actualmente éste blog se publica bajo CC Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual.

¿Qué significa ésto? Pues que aquí el nene es el autor, y que cualquiera puede copiar, distribuir y transmitir (e incluso leer) lo que aquí escribo, siempre y cuando respete mi autoría (me señale como autor), no haga un uso comercial (no se apropie ni saque dinero de mi humilde trabajo) y lo haga manteniendo una licencia igual a ésta (concepto de licencia vírica), y lo puede hacer sin pedirme tan siquiera permiso.
Obviamente, las tres restricciones pueden eliminarse en el caso que alguien me escriba a mi y me de argumentos suficientes para hacerlo.

He marcado tres cosas en negrita:

incluso leer: dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y la confirmación del refrán es que existen libros que, para poder leerlos, necesitas pedir permiso¡al editor! Las notas de copyright han sobre-evolucionado hasta llegar a ser la cosa más tremenda y complicada que existe en el interior de la mayoría de libros. Desde que encontré dicha nota, las colecciono. Hay muy pocas iguales.

sin pedirme tan siquiera permiso: las mismas notas de copyright que acabo de comentar, impiden legalmente cualquier uso del texto a menos que se reciba permiso por escrito… ¡del editor! No es así en las licencias CC, e imagino que tampoco en las Coloriuris (las conozco pero no las investigué).

me escriba a mi: en los dos puntos anteriores, el lector avezado se habrá percatado que, en todo caso, siempre hay que escribir al editor. En el mundo editorial, musical y en todo el espectro cultural, o de la Industria de la Cultura, los editores, productores y demás intermediarios guardan celosamente la ventaja de gestionar los derechos de sus escritores, músicos, cantantes, etc… La gestión de esos derechos proporciona una ventaja incalculable, tanto que puede significar que un trabajo se publique o que se quede en un cajón por decisión del guardián de la puerta. Que se lo pregunten a Douglas Rushkoff, cuyo ensayo Ciberia, la vida en las trincheras del ciberespacio, estuvo en un cajón de estos desde 1992 a 1994, ya que según palabras del editor, “esto del Internet y el correo electrónico no tiene ningún futuro”.

Bien cierto que nadie puede decidir por el autor. Así que, ¿qué pasa con tanto gestor cultural que decide qué se publica y qué no, o que decide quién es autor y quién no lo es? Algunos lo tenemos bastante claro, pero hay quien no y defiende a capa y espada a los mismos que deciden por ellos (y de paso se quedan con un buen pellizquito de lo que ganen). La mayoría son autores de betselers, grandes autores que no necesitan la ventaja que comentaba Doctorow en el enlace anterior.
Pero la red proporciona a los pequeños autores, la inmensa mayoría, la misma oportunidad que hubiera sido en su época tener una imprenta de caracteres móviles en casa… pero sin ocupar todo el salón ni los gastos de tinta, papel ni nada. Basta un ordenador portátil, un teléfono móvil y un cable que los una, y los intermediarios tienen bastantes números para saltar por los aires.

En el punto de las supersticiones, Javier y yo volvemos a coincidir. No creo en supersticiones, pero no es lo mismo Cultura que Bagage Cultural. Y si, la cultura y el patrimonio cultural son patrimonio de la humanidad, y hay que protegerlos. Lo que no significa “todo vale“, en ninguno de los sentidos. Ni todo tiene que ser gratis, ni tienen que haber subsidios, subvenciones ni cánones culturales ni tarifas planas para pagar el sustento a los artistas.

Soy de los que tienen la mala costumbre de vivir de su trabajo. Y creo que todos deberíamos hacerlo. Incluso Los Artistas (los de verdad y los faranduleros, aquellos de palmadas en el hombro a la voz de “que pasa, ¡artista!”).
¿Que tu trabajo artístico no te da para vivir? Bienvenido al mundo real amigo. Es hora de hacer turnos dobles en curros de mierda, como el 80% de la población mundial.

En el siguiente punto, trabajo y derechos, estoy casi de acuerdo. Y digo casi, porque creo en la creatividad. Si, hay mucho cacareador / repetidor, y también muchos guruses de los que hablan horas y horas sin decir nada. Pero oye, les funciona.
La cultura del copypaste tiene su rollo. Y para copiar y pegar cosas muy diferentes y que el resultado sea cuando menos interesante, hay que tener creatividad. Y la creatividad, como la realidad, existe.

Y como dije en su día en el artículo enlazado, la propiedad intelectual, si existe, la puede proteger el autor mismo, decidiendo qué uso se le da a su trabajo. Todo lo demás es un residuo artificial, creado por algunos abogados que quieren ganar dinero a costa del trabajo de la creatividad ajena.

Y para proteger y difundir, siguiendo con los puntos de Javier, existe toda una constelación de licencias y contra-licencias más o menos libres, más o menos víricas. Pero claro, ¿quien asegura que lo que escribo en este blog es obra mía? Y de ese mismo modo ¿quien asegura que lo que escribe Pérez-Reverte lo escribe él? Oh, ¡blasfemia! Pues no tanto.
Por qué tiene más credibilidad una persona que otra, ¿por haber vendido más libros? ¿Por tener la barba más frondosa? ¿El pelo más largo? ¿El culo más o menos peludo? Se podrían poner todas las opciones posibles del universo, más o menos arbitrarias, para decidir quién tiene más razón o menos en el momento de asegurar que alguien ha escrito algo. Es un simple hecho de confiar en la palabra de uno o de otro, y ambas palabras valen exactamente lo mismo.
Pero como mi barba es mucho más frondosa, en este caso concreto gano yo, que para eso escribo en mi blog. Y punto.

Y mañana más.


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Ladrones y piratas

Via el Libro de Notas he llegado a un bonito enlace en que se hace un caso práctico sobre la piratería y los ladrones de la cultura en España, comparando con un país civilizado como, obamidad o serendípia, el Reino Unido: un mismo libro vale alrededor de 3 veces más en España.

Señores del Mundo Editorial, grandes autores de betselers… ¿quien es realmente el ladrón que se aprovecha del trabajo ajeno?

Para que sirve el DRM #2: te borramos lo que nos de la gana

16 diciembre 2010 Deja un comentario

Tostadora DRM - por AceJustice

Hace unos meses comentaba una de las grandes utilidades del Digital Restriction Management, anteriormente conocido como Digital Rights Management, y popularmente conocido como “DRM de mierda”. Dicha utilidad era es aumentar los precios del formato electrónico de los libros de forma artificial.

Hoy, desde Lecturalia nos enseñan otra de las gloriosas aplicaciones del DRM, que ya se había comentado por ahí antes: el borrado arbitrario de contenido comprado legalmente.

El case study de Lecturalia es el kindle de Amazon. La empresa que decidió pegarle una patada en el culo a Wikileaks hace una semana, y que ya anteriormente había decidido entrar en los lectores Kindle de sus clientes y borrarles algunos de sus libros comprados legalmente, lo ha vuelto a hacer.

Esta vez, y cito a Alfredo Álamo directa y literalmente,

Por lo visto, el listón de moral en Amazon ha sido puesto en modo «no quiero problemas» y han decidido que las novelas eróticas -de ficción-, en las que se planteaba el incesto ya no podían estar en su catálogo, de modo que ha comenzado a retirarlas de su oferta. Esto no sería nada del otro mundo, después de todo es su tienda y tienen todo el derecho a cambiar de opinión en cuanto a qué quieren o no quieren vender, si no fuera porque decidieron borrar de los Kindles de sus usuarios las copias ya vendidas.

Genial, ¿no? Tu te compras un libro, lo pagas a precio de petróleo, lo empiezas a leer por la noche en la cama y, al día siguiente, ha desaparecido porque algún comisario político o la Brigada Defensora de la Sanidad Mental (BDSM) han decidido que esa lectura era perniciosa para TU mente.

La solución que comentan en Lecturalia, hacer copias de seguridad de contenido sujeto a DRM, puede incurrir en delito bajo tratados comerciales como el ACTA o la futura Ley de Economía Sostenible, ya que implicaría crackear el sistema de DRM.

La única solución válida y ejem-legal-ejem es rechazar dispositivos que funcionen mediante DRM, como son el Kindle o el iPad.

¿Verdad que no comprarías una tostadora que solamente pudiera tostar pan comprado a un solo vendedor? Pues eso.

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