Micro-naciones artísticas (I)

Okusi Ambeno y las Repúblicas Filatélicas

En 1968 Bruce Greenville, un artista y anarquista neozelandés, creó su propio país. Aunque crear un país suene muchas veces a luchas épicas defendiendo territorios, la gesta de Greenville no pasó por ninguna de esas batallas, si no que fue algo más “tranquila”.

De la noche a la mañana, una provincia de Timor Este pasó a ser no solo independiente, si no a poseer una historia propia, y bastante diferente a la oficial. La província de Occusi Ambeno pasó a ser el Sultanato de Okusi-Ambeno, regido por Su Majestad Sekrup Semesta Alam Sri Sultan Gare, que no era otro que el mismo Greenville, con sus líneas aéreas propias, formadas exclusivamente por zepelines ecológicos, y cuya economía se basaba en la exportación de poesía, sellos y setas alucinógenas.

El Sultán Greenville fue mandando los catálogos de sellos de Okusi-Ambeno a revistas filatélicas europeas y americanas, y la venta de sellos “okusiambesianos” le iba proporcionando algunos fondos, pero el verdadero golpe de efecto que llevó al nuevo Sultanato a primera línea mundial llegó en 1973.

Un año antes, Bruce Greenville consiguió un trabajo que le proporcionaba acceso a fotocopiadoras y teletipos, por lo que se dedicó a mandar a las agencias de noticias y prensa occidental dossieres sobre el Sultanato y declaraciones de sus dirigentes, creando “una confusión terrible y muy divertida”.
Mientras tanto, un activista libertario estadounidense seguía con su plan para crear también su propia nación, pero esta vez con territorio real de por medio. En enero de 1972, Michael Olivier consiguió hacer emerger un pequeño atolón de 200 m2 en el cual instaló una torre y declaró la independencia de la República de Minerva.

Los teletipos de las agencias de prensa empezaron a recibir comunicados de parte del Sultanato de Okusi-Ambeno, reconociendo formalmente la nueva república, y un periódico neozelandés, el New Zealand Herald, publicó la noticia en portada con el titular “Un líder mundial reconoce arrecife”.
El hecho que un “país” reconociera oficialmente a la República de Minerva le otorgó formalmente estatus propio, hasta que Tonga, país real vecino de Minerva, mandó sus patrulleras para reclamar el nuevo territorio, acabando así con el sueño de Olivier de solamente tres meses de vida.

Pero las acciones “internacionales” del Sultanato filatélico no terminaron ahí. El máximo apogeo llegó en 1977, cuando el Consulado de Okusi Ambeno en Nueva Zelanda, esto es, el domicilio de Bruce Greenville, recibió una propuesta de soborno por parte de un grupo inversor que instaban al “cónsul”, sin saber que estaban comunicandose con el mismísimo Sekrup Semesta Alam Sri Sultan Gare Greenville, a que convenciera al “Sultán” de dar el monopolio de la distribución internacional de la producción filatélica del país a ese grupo.
Greenville y la “familia real” aceptaron encantados el soborno, y gracias a los nuevos fondos, produjeron sellos de mejor calidad que luego vendieron directamente a coleccionistas en todo el mundo.

Pero la irreverencia y atrevimiento de Greenville no solo consiguió engañar a grupos inversores y un periódico, ya que gracias a los teletipos y al trabajo que hizo, Okusi-Ambeno consiguió, oficialmente, tratados bilaterales con el mismísimo Estado Vaticano en Roma, Brunei, Taiwan y un tratado de mutua defensa con Singapur.

Aunque Okusi-Ambeno es una de las Repúblicas Filatélicas más famosas, no es la única. Otras naciones imaginarias han seguido sus pasos, como el Reino de Sedang, el Khanato de Bokhara, el Sultanato de Yafa, la República Libre de Vinland (ex-colonia de Okusi-Ambeno en el Atlántico Norte), la República Popular Democrática de Kemp Land, la República de Liegerland (formada tras la invasión de las colonias de Okusi-Ambeno en el Atlántico Norte por parte de Tyr, y por lo tanto, república hermana de Vinland) , Tui-Tui o la República de Port-Maria, algunas de las cuales emitieron un comunicado oficial de rechazo al atentado terrorista de las Torres Gemelas de Nueva York.

Todas estas Repúblicas tienen en común, a parte de dedicarse a la exportación de sellos conmemorativos, abrazar tratados anti armamentísticos o nucleares, historias divertidas como la del Khanato de Bokhara, que tras su “independencia” en 1798, creó el “rapidísimo” servicio postal formado exclusivamente por camellos que reparten el correo tanto dentro como fuera del país. Se da la casualidad que el Gran Khan de Bokhara, coronado en 1998, pasa mucho tiempo en Nueva Zelanda…

La mayoría de estas repúblicas imaginarias conforman el Consejo Internacional de Estados Independientes, una suerte de Naciones Unidas o ASEAN de los países del Quinto Mundo, fundado en 1984 y que se dedica, como no, a gestionar los recursos filatélicos de sus componentes.

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