Seguridad en aeropuertos: aprender de los que saben

Imagen sacada de un porno-matón. wewontfly.com
Imagen sacada de un porno-matón. - http://wewontfly.com
Siguiendo con el tema de la semana (me está gustando la idea), acabo de leer un enlace al periódico digital The Toronto Star sobre las medidas de seguridad en los aeropuertos… israelís.

Israel lleva 50 años, desde el primer día de su existencia, bajo amenaza terrorista a diario. Aún así y pese a sufrir algún que otro ataque, por lo general los israelís son gente tranquila que vive su vida sin demasiado miedo. Y eso es debido a que los israelís confían en sus defensas. Confían en su policía, en sus agentes y en su servicio de inteligencia porque trabajan para ellos y hacen un buen trabajo: mantienen la normalidad.

Aún sabiendo que no todo será tan bonito como lo pintan (tengo que preguntar a un amigo que estuvo allí este verano), no se si montar en cólera al constatar, otra vez, que lo que se hace en los Estados Unidos, Europa y en gran parte del mundo es darle a los terroristas lo que pretenden: que se modifique nuestro ritmo de vida mediante el miedo.

Los usuarios del aeropuerto Ben Gurión tardan un máximo de 25 minutos en desplazarse desde su vehículo o autobús hasta la sala de embarque. Sin colas, sin cacheos (ni tan solo de realidad simple), sin porno-matón… pero atravesando seis líneas de seguridad.

Las dos primeras están formadas por soldados profesionales armados que te preguntan quién eres y de donde vienes, la tercera antes de llegar al mostrador de facturación, en la que otro profesional te hace una pequeña entrevista de 20 o 25 segundos de duración: “¿Has hecho tu las maletas? ¿Las has tenido todo el rato contigo?”. En la zona se evitan las aglomeraciones y la formación de grandes núcleos de personas que puedan convertirse en punto de interés para alguien con malas intenciones.

En el mostrador de facturación, se escanean las maletas inmediatamente. Las áreas de escaneo están especialmente construidas a tal efecto: unos cristales a prueba de bomba (literalmente) que soportan una detonación de hasta 100 kilos de explosivo plástico rodean cada zona, por lo que en caso de amenaza, solamente hay que evacuar unas 30 personas, dónde evacuar = trasladarse a unos 20 metros de distancia. Seguidamente, el personal especialmente entrenado para operar los detectores pondría la maleta sospechosa en una caja blindada, en un par de minutos llegaría la brigada anti-explosivos y se llevaría la caja con la maleta a una zona de seguridad. Mientras tanto, el aeropuerto seguiría funcionando con normalidad.
En un aeropuerto norteamericano o europeo, la misma situación comportaría evacuar miles de personas dispersas por unas cuantas terminales: gente corriendo, pánico, pisotones, avalanchas… y el aeropuerto entero cerrado a causa de un falso positivo causado por un bote de plastilina.

Una vez superado el mostrador de facturación y con el equipaje debidamente escaneado y embarcado, se llega a la famosa zona del control de seguridad.
Y en ese control no hay colas. ¿Por qué? Pues porque no se buscan líquidos sospechosos, no te hacen quitar los zapatos ni el cinturón, no buscan latas de foie-gras escondidas ni raquetas de tenis…. no se busca nada de lo que aparece en las listas de elementos sospechosos. Se observa al pasajero. Y se observan su comportamiento y sus ojos que, según Rafi Sela, el entrevistado consultor experto en estos temas, es la forma de distinguir un simple pasajero de una persona llevando 25 kilos de C4.

Y como decía al principio, lo primordial es estudiar y analizar las amenazas en base a la realidad. Si lo que se quiere es mantener la normalidad y la seguridad de los ciudadanos, no queda otra que trabajar en esa dirección.
Otra cosa es que lo que se busque sea aplicar la teoría de la paranoia y el miedo, instaurar el “todo el mundo es sospechoso, incluso superados los controles de seguridad y se demuestre lo contrario” y amenazar a los que nos neguemos a pasar por ese aro, ese aro de metal que cuesta demasiado dinero, que pagamos nosotros y que nos saca fotos en pelotas para el particular casting porno que luego hacen los vigilantes. ¿Quién es el terrorista?

Como asegura Rafi Sela, el malestar de los pasajeros y ciudadanos, evolucionado a mala hostia de verdad, podría ser la chispa necesaria para cambiar de modelo y empezar a aplicar uno que funcione de verdad. Al menos, empezar a plantearnos si las medidas actuales funcionan, realizar auditorias de seguridad y, las que no funcionen, descartarlas para siempre.

¿Para cuando un Opt-out day por estas longitudes?

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