Wikileaks y la desconfianza

Una de las, digamos, premisas de libertarios, anarquistas, enemigos del estado, pecadores del pensamiento y otros sospechosos habituales, es la desconfianza por-que-si en instituciones, gobiernos y estados.

Muchas veces, estos órganos están gobernados o manejados por lobos bajo piel de cordero que no dudan en aplicar la terapia del miedo y acusar de cualquier cosa, incluso de terrorismo, a aquellos que osen siquiera cuestionar el status-quo.

Fenómenos como el ahora conocido como Cablegate ayudan, espero, a restaurar la desconfianza en las instituciones que comentaba antes. Porque ni los gobiernos ni sus miembros los gobernantes son nuestros amigos. Bueno… quizá si que lo son, pero no como cualquier buen ciudadano piense.

Pese a que lo que se está filtrando ahora sea más parecido, como mentes mucho más ilustres y conocedoras que yo andan aclarando, a una gala especial de “Sálvame”, un número extra-glamuroso del “10 Minutos” (que es el tiempo en que Belén Esteban tarda en descifrar el título de uno de los cables de Wikileaks) o un almanaque anual de lujo y tapa dura del “¡Qué me dices!”, la belleza está en el interior.

Lo bonito es que, con éste cablegate, se están destapando algunos de los lobos. Diferentes estados en todo el mundo se afanan a rasgarse las barbas, cortarse las vestiduras, llevarse las manos a la cabeza y poner el grito en el cielo por esta traición a la comunidad internacional.
Pero la comunidad internacional, como las autoridades sanitarias, no deja de ser una comunidad etérea, formada por esos mismos estados que claman venganza al ser descubiertos. En ese aspecto, tienen razón: wikileaks es una amenaza para esa comunidad internacional, imaginada, formada por entes etéreos de dudosa validez democratica (ver Comisión Europea) y que llevan obrando a sus anchas sin dar explicaciones a nadie durante demasiado tiempo.

La lástima es que Wikileaks, al menos por el momento, ha confiado en el criterio de la industria de la prensa para que sea ésta quien decida qué y cuando puede destaparse. Y como buena industria de la prensa, ésta ha optado por el glamour y el amarillismo sensacionalista, guardando en el saco temas realmente importantes y de los cuales depende la legislación de un país.

La industria de la prensa debiera tomar nota. La actual crisis, además de económica, también lo es de confianza. Y el mundo del alto periodismo de élite no está como para tirar muchos cohetes en tanto a confianza. Guardar temas que pueden influir en el futuro del país para vender más periódicos de papel nos enseña realmente qué se esconde tras “la crisis del periodismo“.

El pueblo® está descubriendo (oh, sorpresa), que los estados hablan de ellos en formas no demasiado educadas. Que se critican entre ellos y que dudan de la capacidad de algunos de los líderes.
También que cuando pintan bastos, algunos no dudan en apretar las tuercas, aunque luego se descubran otros pellejos y disfraces de corderito.

Wikileaks y el Cablegate son una especie de fiebre. Como cuando éramos niños, en que una vez superada la fiebre y muertos virus y bacterias, nos dábamos cuenta que habíamos crecido un centímetro. Pero si una fiebre no se trata correctamente, puede traer efectos bastante perniciosos.

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7 pensaments sobre “Wikileaks y la desconfianza

  1. plas, plas. Oye me los descarque todos y medio los uni en un txt brutal que me da error de lo grande que es. Era para hacer CTRL+F y esas cosas por si vols?

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