Heavy metal, wikileaks, sexo y copyright: ¿vuelven los 80?

Contenido explícito no apto para mentes tiernas
Andaba yo leyendo sobre que es lo que tiene que ver el sexo con la primera gran guerra de la información contra Wikileaks cuando, de repente, me acordé de algo.

Es extensamente sabido, al menos entre la comunidad digital, que los dos grandes bastiones y puntas de lanza de los que quieren convertir Internet en algo parecido a la televisión son los derechos de autor o copyright, y la lucha contra la pornografía.

De hecho, las dos acusaciones con una ínfima base legal que se han lanzado contra Julian Assange son, precisamente,

  • que la publicación por parte Wikileaks, pero no por parte de los periódicos, de los cables infringe el copyright del Departamento de Estado, las embajadas o vete tu a saber.
  • que Assange folló con dos señoras y se le rompió el condón en, al menos, una ocasión. Y eso en Suecia cuenta como violación.

La primera acusación es la que usan como excusa Amazon, Paypal, Visa, Mastercard y todos los que han dejado tirada a Wikileaks: “la publicación de material sujeto a copyright de terceros infringe nuestros términos de servicio”. Y que un senador demócrata haga unas llamadas no tiene nada que ver. De hecho, “aquí no hay nada que ver, circulen” podría ser la frase que desean esos lobos destapados.

La segunda, se carga la figura pública de Assange, ya que hay pocas cosas peores que ser acusado de violación, como por ejemplo ser acusado de pederastia.

Lo que me recordó todo el tema fue la persecución y caza de brujas que sufrieron algunos músicos y grupos allá en los años 80.
Seguramente muchos de mi generación no recordemos el tema, ya que por aquel entonces estábamos más pendientes de la grulla de Karate Kid. Pero había un grupo de personas que estaban muy preocupadas por la decencia y la pureza de las mentes de sus hijos, ya sabeis aquello de “please, think about the chiiiiildreeeeeen!“.

Ese grupo de personas fundó la Parents Music Resource Center, una asociación dedicada a aumentar el control parental sobre el acceso de los niños a música potencialmente violenta o sexualmente sugestiva.

Una de las fundadoras de la PMRC era… Tipper Gore. Y si, tiene que ver con Al Gore, congresista por Tennessee, senador, Vice-potus y candidato a Presidente por el partido Demócrata. Fue su esposa hasta el pasado verano.

La PMRC acusó formalmente a músicos como Prince, Madonna, Judas Priest, AC/DC, Mötley Crüe, W.A.S.P., Black Sabbath, Deff Leppard, Mary Jane Girls y… Cindy Lauper (si si, la misma de It’s my party o Girls just wanna get fun).
Las acusaciones fueron desde letras satánicas o mensajes ocultos en los discos (recordáis las ‘leyendas urbanas’ de girar un disco de Metal al revés y que salgan mensajes del diablo? Pues ahora ya sabéis quien la inició…) hasta letras que promovían la promiscuidad y prácticas indecentes.
Incluso los integrantes de uno de los grupos pioneros del Metal, Judas Priest, tuvieron que sentarse en el banquillo para responder sobre su presunta responsabilidad en el suicidio de James Vance debido a un mensaje subliminal en una canción.

La PMRC, a parte de sus logros con acusaciones en falso, también es responsable de los famosos carteles de “Control Parental” como el que abre este post, y que aparecen en casi cualquier álbum editado en los Estados Unidos y gran parte del mundo.

La industria del ocio no descansa en su intención de controlar todo, y la combinación con la paranoia ultra-aséptica de los defensores de la decencia y la falsa-y-doble moral resulta temible. Así como también resulta temible que sean precisamente los buenos, los ‘progresistas’, los que intenten salvarnos de nosotros mismos, primero no dejando que escucháramos música violenta, ahora acusando de traición al que se qtreve a dejarles con el culo al aire.

Ayer fueron Judas Priest, Madonna y Cindy Lauper. Ahora está siendo Julian Assange/Wikileaks. Mañana puede ser el que no quiera decir con quien folla o deja de follar, si lo hace con las luces encendidas o apagadas o el que se bajó una edición no autorizada del Kama-Sutra o cualquier otro libro sujeto a copyright.

Los que piden la cabeza, literalmente, de Assange demuestran lo que ya se dejaba entrever: nos han convertido a todos en criminales del pensamiento, por lo que todo aquel que no defienda el orden establecido, es un terrorista.

Otra vez: hay que evitar, rechazar, ser aterrorizados.

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