Prohibamos los burqa

Como estamos ya en Semana Santa (Hosanna! Hosanna!), recupero un artículo que escribí allá por Julio de 2010.

Estas mujeres deben recuperar su dignidad robada

El pasado julio, Pere comentaba sobre la responsabilidad de los ayuntamientos en la política estatal, sobretodo en los casos de prohibiciones del burqa.

Quiero alentar desde ya mismo a todos los ayuntamientos a que sean valientes y empiecen a prohibir los burqa, y que se haga lo más rápido posible. Si, si. Lo que oyen. No es que me haya convertido en prohibicionista. Soy tanto o más libertario que ayer y solamente defiendo la Dignidad Humana®. Y precisamente por eso quiero que se prohiban todos los tipos de burqa, tanto los femeninos como los masculinos. Ah, ¿que no sabían que existen burqa para hombres? ¡Pues si que los hay si! Pero están tan integrados que ya pasan desapercibidos, a pesar de ser terriblemente populares. Supongo que es debido a una extraña herencia cultural.

Estos hombres también necesitan recuperar su dignidad
Se trata de los famosos cucuruchos nazarenos que cada primavera salen a la calle a imponer manifestar sus creencias religiosas. Y a diferencia de las mujeres veladas, a estos señores les bendicen, les lanzan alabanzas, ¡e incluso les cantan!

Que pasa, ¿que los hombres no tienen dignidad? ¡Ya está bien de ablación cerebral desde pequeñitos! Los Niños (por favor, ¡Pensad en los Niños!®) no tienen ninguna culpa de las creencias religiosas adoctrinatorias de sus padres y deberían tener derecho a decidir qué religión quieren profesar.
¿Y qué decir de la seguridad? ¿Quien me asegura que bajo estos ropajes, cadenas de oro y guantes de terciopelo no se esconde un asesino o un terrorista?
Y eso por no hablar del hecho de miles de personas encapuchadas, caminando con antorchas encendidas y en formación casi militar por la calle… a mi me recuerda todo a tiempos muy oscuros

Como muy bien dicen los defensores de la prohibición en nombre de la libertad, ha llegado el momento de prohibir en todos los sitios estas vestimentas repugnantes, insalubres, socialmente segregatorias, facilitadoras del terror y criminalmente útiles, en todos los lugares públicos.

He llagado la hora de defender la dignidad de todas estas personas atrapadas bajo quilos y quilos de tejido discriminatorio. Es el momento de desnudarnos de ropajes esclavizadores. Es hora que todos mostremos nuestra cara cuando caminemos por las calles del país, llevando antorchas encendidas, carritos de la compra o armas automáticas.
Ha llegado el momento de vernos las caras… todos…

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