Decrecionismo, naturaleza y humanidad

Nunca me ha gustado el movimiento decrecionista. El ecologista, un poco, especialmente cuando era joven, inexperto y socio de Greenpeace. Ya no.

El ecologismo radical y los defensores del decrecionismo se justifican a si mismos abogando que la humanidad es la causante de todos los males de la naturaleza: los mares contaminados, el Cambio Climático Antropomórfico©, el Peak Oil y las tremendas montañas de basura que van a comernos en breve y harán realidad la utopía de Wall-E.

Con esto, están diciendo que el ser humano no forma parte de la naturaleza. Pero si nuestra especie no forma parte de la naturaleza, ¿qué es? Para mi, se trata de un odio tremendo hacia la raza humana, causado vete tu a saber por qué trauma.

Si no no se explican la eugenesia, iniciada por Platón y desarrollada y apoyada por el hijo de Charles Darwin, John Maynard Keynes (lamentablemente famoso economista ahora de moda, que fue presidente de la Sociedad Británica de Eugenesia), Winston Churchill, George Bernard Shaw, H.G. Wells (autor del manifiesto luddista “La máquina del tiempo” y de “La guerra de los mundos”, que seguramente inspiró a Krugman en su delirante petición de invasión alienígena como solución a la crisis de la deuda)… todos ellos relacionados con la Sociedad Fabiana, precursora del socialismo, y sus estudios para usar la eugenesia en relación con las clases sociales. Todo ello nacido en uno de los periodos más lamentables de la historia, la era victoriana.

Si no no se explica el ansia por el “cambio de paradigma” del decrecionismo, que aboga por volver al punto histórico anterior a la Revolución Industrial, literalmente, tanto tecnológicamente como en niveles de población (lo que significa que más de cinco mil millones de personas “sobran” en el planeta). Por cierto, actualmente podemos ver cómo funciona el decrecionismo en toda Europa, especialmente en Grecia y aquí en la puerta de nuestra casa, en Zombieland.

Muchos ecologuays sacan el ejemplo del comportamiento de los animales, que no ‘matan por placer’ ni realizan comportamientos que atentan contra su propia especie. Todo esto de “volver a la naturaleza” es muy bonito, si entendemos la naturaleza como aparece en las películas de Disney (y no en todas).

La naturaleza es dura, muy dura. Y a los que gusten de películas de naturaleza, les recomiendo Into the wild. Los animales viven en constante estrés, en un entorno de escasez total de comida y por lo general, muy pocos llegan a viejos debido a muertes violentas, sangrientas y agónicas, tanto si son cazados por un depredador, como si por accidente se rompen un hueso y son apartados de la manada (muriendo de inanición y deshidratados tras días de agonía).

Ésto es la naturaleza: violencia y muerte. Algo salvaje y sin control. Quien pretenda volver a ese estado, es que no está muy bien de la cabeza.

Ah, y todo ha venido a raíz de éste vídeo del gran Stephen Fry en que habla de la existencia o no de Di’s o los dioses, aunque no comparto para nada su comparación exclusiva del humanismo con el ateísmo, ni su visión del pensamiento griego. Precisamente es ese pensamiento y razón griegos los que han llevado a pensar que “un solo Dios significa una sola verdad, una sola forma de ser”. Pero esto es otra historia.

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