Macarena en el Camino

Camino de Santiago cruzando Castilla. Foto por Yours Trully

Los peregrinos a Santiago nos reconocemos entre nosotros. Por las caras, por el estado de la ropa o los andares –sobre todo, los andares, «por sus andares les reconoceréis»—, son algunas de esas formas de reconocimiento mutuo y mudo en el Camino. Y también porque al llegar a las grandes ciudades, Logroño, o en especial Burgos, León y Santiago, nos entra así como una urticaria, causada por el aumento súbito de la densidad de población. Y buscamos espacios tranquilos y silenciosos. Acostumbrados a la soledad bajo el sol, y a grupos reducidos en los albergues, cuando llegas a una ciudad todo te incomoda. Ya no el asfalto, sino la gente y sus prisas, a las que ya te has desacostumbrado.

Los peregrinos sabemos otra cosa: que al llegar a Galicia, la densidad de población del Camino aumenta de forma espectacular. Ya desde la cima del Cebreiro, pero especialmente desde Sarria, que es el sitio tradicional de inicio para aquellos que quieren la Compostela, la acreditación conforme se han completado como mínimo cien quilómetros a pie y, por consiguiente, se ha realizado el peregrinaje.

Al ver a toda esta gente que llega fresca, limpia y con ropa de estreno, la sensación que tiene el peregrino con más de setecientos quilómetros en las piernas, que ha atravesado España literalmente; que ha bajado de los pirineos y cruzado el Ebro y llegado a Burgos; que ha parado en cierto bar de Santo Domingo de la Calzada a desayunar torrijas –buenísimas, Macarena, pero hay que ir pronto, que vuelan–; que ha cruzado dos pequeños desiertos, el páramo leonés y la tierra de campos, pasando por pueblos de los más pequeños de España, sin nada a la vista más que el horizonte; que tras atravesar los Montes de Oca, casi se mata bajando los Montes de León; que ha sudado en la purificación final del Cebreiro para ser recibido en el seno esmeralda de Galicia; cuando estos peregrinos se encuentran con toda esa gente limpita y con ganas de cháchara, decía, se produce una reacción como la del agua y el aceite: van juntos, pero no se mezclan. Porque no son lo mismo.

El Camino de Santiago empieza en la puerta de tu casa. Pero nos cuentan todas las historias que fue el eje vertebrador de España. Primero desde Oviedo, y a medida que la conquista territorial —y reconquista solo religiosa— avanzaba hacia el sur, así lo hacía la ruta, que servía de frontera no oficial. Tampoco nos debe pasar por alto la unión, más que simbólica, entre Pamplona, Nájera, Burgos y León –todas capitales de los reinos de Navarra, Castilla y León, y panteón real–. Además, fue el principal influjo de circulación cultural y de ideas. Hoy tenemos múltiples rutas además del tradicional Camino Francés.

Macarena Olona ha anunciado que «va a hacer el Camino de Santiago», pero desde Sarria. Es muy instructivo que la que fue una de las figuras del partido defensor de España, el mismo partido que recuerda y celebra las leyendas de las apariciones del santo patrón en Clavijo, se limite a hacer los últimos cien quilómetros. Y encima, anunciándolo en los periódicos.

El Camino es un proceso y una construcción interior, que requiere soledad e introspección, porque solo en ese silencio y soledad –relativa en otoño, aunque pueden probar a hacerlo en invierno y con nieve como mi amigo Javi– se dan las condiciones necesarias.

En mi segundo Camino, en 2015, cuando era moderadamente independentista, compartí un par de jornadas con un votante de VOX en Guadalajara. Para más diversión, era el 10 o el 11 de septiembre. Salimos desde Belorado y nos separamos poco antes de llegar a San Juan de la Peña. Se nos unió un vasco. Fíjense si es divertido, que hasta parece un chiste: «un indepe, un vasco y uno de VOX van por el Camino de Santiago un 11 de septiembre…»

Nos paramos a almorzar y a hacer chupitos. Estuvimos hablando de política lingüística, a raíz de una multa que le pusieron en una de sus visitas a Granollers con su club de balonmano, su deporte; de cuanto nos robaba España a todos, y terminamos acordando que, lo que nos habían robado estaría escondido, enterrado bajo un sembrado al lado del camino que estábamos haciendo; y que había que reflotar a España y la independencia de Cataluña podría ser un revulsivo. Desmontarla para luego poder montarla un poco mejor. Y nos entendimos, y nos reímos, y nos ayudamos. Nos conocimos y hablamos. O al revés, que es lo mismo.

Toda esta metáfora del Camino nos va a ser muy útil para ver la realidad de Olona, y VOX, respecto a España. Muchas palabras, mucho anuncio y mucho alarde. Mucho ruido. Pero cuando de verdad hay que cruzar literalmente España, patearse esa España vaciada que tanto dicen tener en mente, eligen hacer solamente los últimos cien quilómetros, porque para ellos, se trata conseguir el papelito.

Uno de los mantras recientes es el de «¡que viene VOX! ¡Que vienen los fachas!». Sí, pero resulta que vienen desde Sarria.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s