La sordera (y la ceguera) castellanas (II)

Decía por aquí hace unos días, citando a Unamuno y a Cervantes, que la sordera castellana hace que los castellanos sean impermeables a ciertos sonidos –y esto es literal, prueben con la equis–. Esta metáfora la podemos ver en los círculos políticos de la capital, que aún se cree Villa y Corte del imperio.

Madrid, históricamente castellana por extensión –por mucho que en los antiguos mapas aparezca en la Mancha, la corte es castellana desde hace quinientos años, recuerden la bandera nacional hasta 1931–, fue Villa, Corte y Metrópolis, por donde pasaba todo. Como buen Estado centralista de la época, todas las decisiones se tomaban desde ahí, sin apenas tener en cuenta ningún interés diferente al del poder político de la Metrópolis.

Eso se terminó en 1898. El sentimiento por el cual todo tiene que pasar por Madrid, sin tener en cuenta el resto, sigue firme, sobre todo en ciertos círculos políticos. Estos incluyen la mayoría de la prensa nacional, como demuestra la columna que se adjunta. Dicho texto es un nuevo ejemplo de la guerrilla contra el que, posiblemente, sea el nuevo Presidente del Gobierno. El tema es que la guerrilla se libra tanto desde la prensa como desde el partido del Gobierno.

El poder que aún se ve metropolitano no comprende, por esa sordera y cegueras castellanas heredadas, que el presidenciable del Partido Popular busque consensos en la periferia. ¿Por qué habría que hacerlo? ¿No estamos en España? ¿No se gestiona todo desde Madrid? Pues miren, señores y señoras de la prensa, sí, estamos en España. Pero Madrid, aunque lo pretenda, ya no es Villa y Corte con lo que conlleva. Es la capital administrativa –y una gran ciudad–, y ya.

Es urgente que los círculos políticos de Madrid, que aún creen que viven en el siglo XIX, maduren. No lo hicieron en 1899, y de aquellos polvos vinieron aquellos lodos, que sedimentaron hasta 1936. Y de ese delta y en ese lodazal, brotó la sublevación de un grupo de militares sitos, precisamente, en las últimas posesiones coloniales. ¿Es casualidad que el alzamiento se iniciara en la colonia, por parte de militares que habían participado en las últimas guerras coloniales, fuera en Cuba, en Melilla, en Marruecos o en el Rif? ¿Lo es, también, que algunos de ellos hubieran nacido en las colonias? Goded (Puerto Rico, hijo de un oficial de artillería), Cabanellas (participa en la guerra de Cuba), Queipo de Llano (ídem), Sanjurjo (ídem), Fanjul (ídem), Mola (nace en Cuba, sirve en la guerra del Rif)…

Ojo, que no estoy diciendo que los círculos políticos quieran hacer, de nuevo, un alzamiento militar o una dictadura. Digo que creen en un centralismo férreo por el cual la periferia, desde Algeciras al Ferrol y desde Badajoz a Barcelona, no pinta nada. Y por esto atacan a Alberto Núñez Feijóo.

Feijóo, que viene del Gobierno autonómico de Galicia, sabe perfectamente el peso de las autonomías –llámensele también regiones–, y que en cualquier sistema, es mucho mejor liderar con ayuda de la persuasión, que no por “ordeno y mando” –o por decreto–, como el Presidente actual, al que tanto se le afea el “cesarismo” desde la misma prensa que ahora se queja de lo contrario.

Hay que decirlo: el futuro de España pasa por las regiones. Ese debate habrá que empezarlo algún día, pero antes hay que superar del todo el centralismo decimonónico castellano. Como decía Maragall en 1902 –¡fíjense en la fecha!–, “Castilla ha concluido su misión directora y ha de pasar su cetro a otras manos.” Y eso no tiene que implicar, para nada, la destrucción de España. Es más, quizá esa cesión sea la única forma de fortalecerla.

One thought on “La sordera (y la ceguera) castellanas (II)

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s