Ciudadanos i la Lliga Regionalista

Llegint aquesta noticia de dilluns 16 de gener del 2023, em ve al cap una idea: Ciutadans és el partit diametralment oposat a la Lliga Regionalista. Cambó volia canviar Espanya des de Catalunya, però no va fer el que li demanaven, que “marxés a viure “obrís casa a Madrid” per estar prop del centre de poder.

Ciudadanos va voler canviar Catalunya, i per fer-ho va marxar a Madrid. Allà ha acabat fagocitat pel poder polític, que ha fet el que ells volien: ha exigit que deixés el seu particularisme (la qüestió nacional catalana) a casa. I un cop sense particularisme, ha quedat reduït a la irrellevància.

Catalunya i la paròdia

Una de les coses de les quals ens vantem a Catalunya és de tenir sentit de l’humor. Això és cert. Tanmateix, hi ha una gran part de la població que té una percepció, diguem-ne curiosa, del que és «sentit de l’humor». Són aquells que veuen «L’escurçó negre», doblat al català, i es pensen que són uns grans entesos en «humor britànic».

Després tenim les xarxes socials. Tuiteros i tuiteres que volien ser guionistes d’un parell o tres de programes de RAC1, i que han acabat conformant una incipient indústria de l’«stand-up comedy», que és una forma de fer riure, que no d’humor, bastant lamentable, segons el meu punt de vista —invoco la llibertat d’expressió.

Per què crec que és així? Perquè a les xarxes nostrades, a Twitter, ja fa anys que es fan coses «per les risses». Però no és res de nou. Com gairebé sempre, Joan Maragall ja havia descobert aquesta cosa de «per les risses», i n’escrigué un petit article que no només forma part del volum VII de les seves Obres Completes, publicades pels seus fills als anys 30, sinó que és el que li dóna el títol.

A Por el alma de Cataluña, Maragall descriu a la perfecció un dels mals principals de Catalunya i els catalans. I és un mal que caldria erradicar de soca-rel si és que pretenem construir qualsevol cosa.

Per aquells que estigueu pensant a comparar-me amb en Jorge de Burgos i la seva croada contra el riure a El nom de la rosa, podeu anar a regar —i potser m’hi trobeu. Mentre ho feu podem reflexionar tots sobre si tenim «sentit de l’humor» o més aviat «sentit de la rissa», i què podem fer per corregir la nostra tendència a la paròdia, que al cap i a la fi, només fa que ens parodiem a nosaltres mateixos, burlant-nos d’allò que no comprenem i creant una atmosfera de mediocritat i ordinariesa que espanta.

POR EL ALMA DE CATALUÑA

Joan Maragall, 5 – VI – 1903

El espíritu catalán tiene un vicio que lo afea mucho, y es la propensión a la parodia. 

La parodia no es la ironía, pues la ironia sonríe siempre desde un punto de vista superior, mientras que la parodia remeda bajamente lo alto y hace reir con bajeza; no es el humorismo, porque en el humorismo hay una profunda ternura por los contrastes de la vida, y la parodia es seca y superficial; no es la sátira, porque la sátira es amor indignado, y la parodia es fría y estéril. La ironía puede estimular a corregirse; el humorismo templa la vida revelando piadosamente lo mezclado de lo grande y lo pequeño en ella; la sátira destruye para crear mejor. La parodia mata toda idealidad, es el triunfo de la negación: es la risa torpe con que nos libramos de todo afán ideal. ¡Qué ridículo parece siempre Faust a Mefistófeles! Pero entre nosotros es peor: el Faust catalán se parece rídiculo a sí mismo muy a menudo, porque lleva a Mefistófeles dentro de sí, como una maldición.

¡Oh! jeste nuestro sentido práctico, este buen sentido, este sentido de la realidad! ¡Qué calamidad! ]uzgados con este sentido (que ni es práctico, ni es bueno, ni la realidad es lo que muchos se figuran) iqué ridiculos son los héroes, qué tonto, hos mártires, que estrambóticos los artistas, que insensatos los entusiastas, y cuán inmensamente estúpida la multitud creyente!

•L’amor? Amb això i dos quartos

Te donaran mitja cuerna».

¡A qué risa, a qué bárbara risa, a qué risa despampanante nos han movido más de una vez estos dos versos que están, o por fuerza han de estar, en cualquier gatada o singlot o cosa por el estilo de las que tanto abundan en nuestra baja literatura! | Cuánta risa de ésta, cuánta risa mala, tiene entre pecho y espalda nuestro pueblo, y como hay que hacérsela arrojar, aunque sea extrangulándolo, si se quiere llevar a Cataluña a lo alto!

Porque he aquí cómo mata la parodia: se fija en el gesto descompuesto del hombre apasionado, lo vacia de pasión, pone en vez un sentimiento pequeño y he aquí el héroe convertido en mamarracho. Y el pueblo rie ¡infeliz! y le están matando el alma.

«La venganza catalana»: La venjança De la Tana. ¡Ja, ja, jal ¡Qué exacto, qué bien encontrado, qué divertido! Y el sentimiento catalán de lo heroico se va al diablo. El Conde de Luna, serà el conde de la Pruna, y Manfredo será Mam-fret, y Federico, Fradalicu. Y asi estamos de senyors Peres y senyoras Tuyas y Paus Bunyegas hasta la coronilla, asfixiándonos en una atmósfera de mediocridad y ordinariez que espanta.

No se trata ahora de mortificar la conciencia o la memoria de aquellos cuyo ingenio brotó en plena menestralería barcelonesa y en época en que el renacimiento catalán, en la ciudad, sólo se sentía bien vivo en las bajas regiones donde nuestra lengua quedara relegada por cuatro o cinco siglos de olvido literario casi absoluto (y lo que no fué olvido fué algo peor, como el vallfogonismo); aquellos ingenios, al fin y al cabo, siguieron el impulso tan inconsciente como natural del medio en que brotaron; y si al popularizar el renacimiento literario (lo cual fué mérito suyo) dejaron en él la grosera levadura que llevaban (viciándolo lamentablemente), fué porque no sabían lo que se hacían: no veían seguramente a dónde el renacimiento iba; no tuvieron conciencia de su misión; y ya cabe sólo agradecerles el bien que hicieron, perdonarlos el mal, y, sobre todo, reparar su desacierto.

Pero si en vez de hacerlo asi, ahora que nuestro renacimiento ha pesto su mira en lo más alto, ahora que con la difusión de los cantos populares del campo y de la montaña nuestra alma se ha integrado en lo más puro de la tierra catalana, y con el contacto de culturas extranjeras la nuestra se ha refinado y ennoblecido; si las generaciones mismas que, creyendo tener una conciencia más completa de la redención catalana, hemos trabajado en ella procurando rectificar su camino y ensanchar sus horizontes, volviéramos de pronto la espalda a nuestra misión, y en vez de acabar con lo que de impuro queda en la masa de nuestra sangre nos complaciéramos por un torpe prurito en avivarlo de nuevo haciendo dar con ello un monstruoso salto atrás al ideal renaciente, entonces nuestra culpa no merecería ya perdón, el mal causado quedaría tal vez irremediable, y podriamos ser con justicia maldecidos por las generaciones venideras cuyo patrimonio ideal habríamos arrojado al lodo; por Cataluña cuyo porvenir a sabiendas habríamos frustrado.

Damos esta voz de alerta porque síntomas recientes han anunciado la hora de dárnosla unos a otros todos, y cada uno a sí mismo. Precisamente porque nuestra cultura se ha elevado, empezamos a encontrar pequeños ciertos hechos y ridículas ciertas manifestaciones que, sin embargo, ayudaron mucho a traernos las gallinas. Procuremos dar más aire a aquéllos y más seriedad a su expresión; pero ¡cuidado con la risa destructora, cuidado con la risa mala, cuidado con la parodia, que es más pequeña que la pequeñez, menos digna que muchas ridiculeces en que puede cebarse, y más rebajadora que todas ellas reunidas!

Diga el amigo al amigo:—Trata con respeto este hecho pequeño porque puede llevar algo grande en las entrañas; trata con piedad esa voz ridicula, porque tal vez hay en ella algo de oración a lo que todos, tú mismo, más amamos. Porque cuando hayas quitado la ilusión de la virilidad (que muchas veces es la virilidad mejor) a la voz débil, y hayas dado gana de decir sólo cosas torpes a la voz varonil; cuando a la gente que nosotros (no siempre habiéndolo meditado bien) condenamos a prosa perpetua, la hayas disgustado de darse una fiesta de poesía (que para ella será tan poesía como tal vez no lo sea para ti y para mi la más alta); cuando hayas vuelto el foralero a su pan seco cotidiano, y el sietemesino a su calaverada de callejón, y a todo el que tenga algo ridículo a su casa, ¿quién quedará en la plaza pública? ¿quedaremos siquiera tu y yo?

Demasiado inclinado es nuestro pueblo a dejarla vacía; demasiado propenso a señalar maliciosamente con el dedo al que de buena fe se queda en ella; demasiado se complace nuestra gente en rebajar la altura a que no llega, y a burlarse de todo lo que no comprende.

Demasiado se ha reido del mossen senct Jordi, de los en Peres y los en Jacmes y de los pius i fius i les ninetes que valen, sin embargo, infinitamente más que todas las Silas y todos los ganyotas de todos los Castells dels tres dragons.

No demos gusto al prurito común; no cedamos a humoradas nihilistas; no fomentemos la propensión a la parodia aunque ésta quiera tomar por pretexto el corregir vicios y ridiculeces positivas, porque sería mal camino de perfección éste que es el de uno de nuestros vicios capitales.

Hay otros medios para depurarnos de linfatismos morales e intelectuales y cobrar seriedad y fortoleza; escojamos siempre aquellos que, destruyendo sólo lo que debe ser destruído, dejan salvas las fuentes de la vida. No estamos aún tan sobrados de ella que nos sea lícito cortar por lo sano.

Eduquemos con amor: salvemos por encima de todo el alma catalana.

El futur de Catalunya

Si fa uns dies escrivia sobre el futur d’Espanya, just després de saber els resultats electorals a Andalusia, avui vull fer unes breus línies sobre el futur de Catalunya. I per mi, aquest futur no es deslliga del d’Espanya durant molts anys.

Hi ha molta gent que vol que Catalunya sigui un país i un Estat independent. Jo també ho volia, però les circumstàncies m’han fet canviar de punt de vista. El victimisme perpetu, i principalment que aquesta independència està construïda «a la contra» —contra Espanya, contra Castella, contra «el règim del 78», contra el postfranquisme o contra qualsevol cosa que permeti victimitzar-nos durant dècades i, d’aquesta forma, evitar qualsevol avenç social real—, n’han sigut dues de les causes primordials.

Aquesta victimització i aquest sentiment «contrari» —el volia definir com «de construcció en contra de», però que no és cap construcció, sinó destrucció—, no són per res nous. La història rima, però coneixent les rimes podem descobrir la mètrica. Si sabem la mètrica, podem entreveure quina podria ser la següent iteració, la següent frase.

Per això avui us torno a compartir un text de Joan Maragall i Gorina —dels Gorina de Sabadell—, on trobem de nou la vessant no tan coneguda del «poeta». En ell, explica què és i d’on prové el catalanisme. N’explica part del seu origen —l’odi a Castella i a tot el que representa—, i ens diu per què caldria desfer-se’n. Parla de la descomposició d’Espanya —l’article està escrit tan sols quatre anys després del desastre del 1898—, i de com el catalanisme, o el que representava el catalanisme, podia ajudar en la regeneració que mai va acabar d’arribar, almenys no del tot:

Toda descomposición acaba en una recomposición; y la descomposición que representa el sentimiento catalanista puede acabar en la recomposición del espiritu nacional español, si se le trata como el mayor principio de vida que hoy queda en España.

Parla del paper de Castella en la conformació d’Espanya, i com la missió de Castella ja havia acabat. Parla de l’ara famosa «España vaciada» —el 1902!—, i de la naturalesa africana —ah, l’únic encert de Napoleó!—, i que «Castilla ha concluído su misión directora y ha de pasar su cetro a otras manos

Maragall defensava que el futur passava per Catalunya. Però no a la idea de l’imperialisme noucentista, pretesament reformador d’Espanya a imatge i semblança de Catalunya, no. «El sentimiento catalanista, en su agitación actual, no es otra cosa, que el instinto de este cambio; de este renuevo.» No calia ser la locomotora industrial, ni calia imposar les idees sorgides del vessant mediterrani, sinó tan sols no tallar les ales al seu sentiment. Reconduir aquell “desamor” i deixar que s’expandís a la resta del país. Laissez faire, que en dirien ara.

Pel que sigui —ja en parlarem en altres ocasions—, en comptes de digerir la fi de l’imperi i completar l’etern cicle de descomposició-regeneració —en veurem un altre exemple la setmana vinent—, aquest es va anar interrompent cada cop de forma més violenta, fins a arribar a la Guerra Civil.

Catalunya, finalment, no va liderar res. I amb l’adveniment de l’imperialisme noucentista —amb els seus tics encomanats a les diferents proclamacions republicanes de Macià i Companys, precursors de les boutades nacionals i del «tenim pressa», que tan bé ens ha rimat a nosaltres—, les posicions van quedar encara més enfrontades.

Catalunya ja no pot ser qui lideri aquell esperit regenerador. Els deliris de 2014-17 han acabat amb aquesta possibilitat i caldrà treballar molt per aconseguir aturar del tot la caiguda —sí, encara anem rodolant barranc avall— i refer els teixits social, industrial i institucional. L’esperit regenerador caldrà buscar-lo a una altra banda. I com la història rima, llegint el que ens deien els avis i els besavis, i fixant-nos-hi una mica, potser ho podem copsar i entreveure. Llegiu, si us plau, «El sentimiento catalanista», escrit per Joan Maragall el 1902, i digueu-me que no us ressonen coses.


EL SENTIMIENTO CATALANISTA

(Joan Maragall, 1902)

Cuando se trata de catalanismo, se olvida generalmente que ésta es, en el fondo, una cuestión de sentimiento, y tal olvido priva de luz a la cuestión y la lucha se encona en las tinieblas. 

Se discute el fundamento legal del catalanismo con la crítica del compromiso de Caspe y del tanto monta, y del cesarismo de los Austrias, y de la Nueva Plata del primer Borbón. Pero si no hubiera un sentimiento actual para animarlas, ¿qué fuerza tendrían todas aquellas historias después del consentimiento secular en la unidad nacional ratificado modernamente en la Constitución de 1812 y por las comunes luchas políticas de todo el siglo XIX?

Se quiere buscar al catalanismo un origen étnico; pero entonces, ¿por qué no existe con igual fuerza el galleguismo en la misma España, el breñatismo en Francia y los ismos de todas las razas que constituyen cada uno de los Estados modernos? —Porque no existe el sentimiento diferencial que inspira el catalanismo.

Atribuyámosle una razón sociológica: el carácter, las aptitudes, las tendencias, los intereses, la situación de los catalanes en el mundo moderno no son las mismas que las de otras regiones de España. Esto es verdad; pero lo es también para todos los Estados que, si están bien constituídos, de las variedades que los integran forman precisamente la solidaridad nacional, que es harmonía y grandeza.

Pues entonces diremos que España es un Estado mal constituído, degenerado, y que la causa del catalanismo es política; pero vendrá el señor Maura y nos dirá con gran apariencia de razón: “Si os levantáis contra un mal general, ¿por qué formais un partido local? Si queréis regenerar a España, ¿por qué os llamais catalanistas?» —Porque los sentimientos son más fuertes que la lógica y que todos los propósitos.

Por haber olvidado también esto, muchos, después de haber proclamado la insuficiencia de aquellas causas para justificar el movimiento catalanista, han negado su importancia. 

Es un prurito puramente literario, romántico —han dicho— nacido de un apasionamiento monstruosamente arcaico, sostenido por la particularidad linguística y por pequeñas vanidades de campanario, y desarrollado solamente entre unos cantos intelectuales, cuatro locos —han dicho graficamente— sin trascendencia alguna a la gran masa del pueblo catalán. Pero cuando se ha notado que entre estos cuatro locos había obispos, doctores, ingenieros, grandes industriales; y que estos cuatro locos, en cuatro días, habían montado una máquina electoral y habian desarrollado una fuerza politica aplastante, moviendo toda la gran masa llamada neutra, hasta entonces inconmovible a los estímulos de la experta política vieja; y que estos cuatro locos plantaban audazmente cuatro diputados en los escaños del Congreso, y se imponían en el Municipio y renovaban el personal de las más importantes asociaciones; entonces todo el mundo ha debido preguntarse con asombro y con ansiedad qué locos eran éstos que llevaban tras si a los cuerdos, y qué cuerdos eran éstos que se iban tras los locos.

¿Habría un sentimiento común que animase tan extraño movimiento? Esta pregunta era el buen camino; pero la contestación se ha desviado a merced de un sentimiento opuesto, común también entre aquellos que la formulaban, y reacción natural, si se quiere, del primero. La causa del movimiento catalanista —se ha dicho entonces— es el ingrato egoísmo del carácter catalán, que cuando ha visto la patria española caída y desangrada, ha renegado de ella, y procura desligarse de toda solidaridad con una nación desdichada.

Pero dada la situación presente de una España sin mercados coloniales, y de una Cataluña que no puede dominar todavía los mercados extranjeros, un programa de egoismo regional sería todo lo contrario del programa catalanista de Manresa; porque el interés del egoísmo catalán estaría, no en desligarse, si no en ligarse, en ligar

cada día más fuertemente a su producción el consumo de España toda; no en descentralizar, sino en centralizar, procurando dominar el centro; no en autonomías que sugieran dispersión de actividades, sino en monopolios invasores. Las bases de Manresa son todo lo contrario de un programa de industriales egoístas: son la constitución ideal de un pueblo que piensa más en su alma que en su cuerpo; casi diríamos de un pueblo soñador que aspira a integrarse en su historia, en su derecho, en su lengua, en su carácter, en una porción de cosas inmateriales que constituyen su poesia, descuidando, menospreciando calcular las consecuencias prácticas que su poética integración pudiera acarrearle.

No: el alma del catalanismo no es el egoísmo, ni es un prurito literario de verdad, ni un afán de regeneración politica: ni una razón sociológica, ni una diversidad étnica, ni un derecho histórico. Pero cada una de estas cosas positivas han ido dejando en el fondo del alma catalana una concreción sentimental. La dominación de lo que en

término general se suele llamar el espiritu castellano, dejó un impulso de protesta y rebeldía; la remota diversidad de raza, una repulsión; la permanente diferencia de vida e intereses, un antagonismo; los desaciertos politicos, una desconsideración; el renacimiento literario particular, un orgullo de nacionalidad, y las recientes catástrofes, una alarma. Y ya es absolutamente inútil venir ahora a discutir la historia y la antropologla y la sociología y filologia y la catástrofe, porque todo ello ya nada puede con el sentimiento que ha producido, que es el que queda vivo y al que hay que atender.

Lo característico de este sentimiento es el ser a la vez un amor y un desamor: un amor a Cataluña, que es desamor a Castilla (en el sentido de España castellana); siendo muy de tener en cuenta que el desamor es la levadura popular del catalanismo, lo más sentido por la masa, mientras que el amor activo de Cataluña es ya producto de un desarrollo de cultura y de un mayor refinamiento sentimental. La clase culta, que ha creado y fomenta y dirige el movimiento, siente más el amor a Cataluña; la masa popular del campo y de la ciudad, tiene poco vivo o poco consciente este amor, que apenas le mueve; su resorte está en el odio al empleado que le trata con altanería, al investigador que le amenaza y explota, al polizonte que le apalea, al aventurero que viene a disputarle el pan, a cuantos, en fin, le vejan o le estorban en nombre del Estado, que son precisamente los que le hablan castellano. Este resorte, tocado hábilmente a tiempo o disparado por casualidad, produciría una gran sacudida.

El sentimiento que anima el catalanismo es, pues, esencialmente diferencial, parte a España en dos: es una descomposición del amor patrio, del amor a la patria española.

Este principio de descomposición, ¿qué elementos de cohesión, de resistencia,, encuentra en su camino? ¿qué queda de patria española en Cataluña? Queda la geografía que ha hecho llamar España a toda la Península; queda la historia común de cuatro siglos; quedan los intereses creados, y queda la inercia. Pero si con todo ello el sentimiento diferencial ha podido formarse y desarrollarse; si, a pesar de todo, la descomposición ha empezado y avanza, señal es de que esto es más fuerte que aquello.

Se dirá que la debilidad de España es accidental, que es una crisis, que pasará, y que al reaccionar, los elementos de cohesión dominarán la descomposición. Pero ¡en qué se funda esta esperanza? ¡Se puede fiar a ella el remedio de un mal que es una realidad ya presente y en rápida marcha? ¿Qué llegará primero, la cohesión que aún se sabe por dónde ha de venir, o la  consumación de la descomposición que ya actúa? Y entretanto, ¡cómo se contiene ésta? ¿por la represión? ¿Se siente la España actual con fuerzas para ella? ¿No corre el peligro de perder en la misma las fuerzas que le quedan, y perecer definitivamente en la demanda?

El remedio ha de buscarse en el mal mismo… que no es un mal, sino un signo de nueva salud. Toda descomposición acaba en una recomposición; y la descomposición que representa el sentimiento catalanista puede acabar en la recomposición del espiritu nacional español, si se le trata como el mayor principio de vida que hoy queda en España; si en vez de combatirle se ponen en dirección de él, dentro de él, las fuerzas de cohesión que todavía quedan; si, dándole la razón, se destruye lo que en él hay de desamor, convirtiéndolo toda en amor, que entonces no cabrá en Cataluna y habrà de extenderse per toda una España nueva. Hela aquí la esperanza más fundada.

El espiritu castellano ha concluido su misión en España. A raiz de la unidad del Estado español, el espiritu castellano se impuso en España toda por la fuerza de la historia: dirigió, personifico el Renacimiento: las grandes sintesis que integraban a éste, el absolutismo, el imperialismo colonial, el espiritu aventurero, las guerras religiosas, la formación de las grandes nacionalidades, toda la gran corriente del Renacimiento encontró su cauce natural en las cualidades del espíritu castellano; por esto España fué Castilla y no fué Aragón; y todo lo que en Aragón y en otros antiguos reinos era algo vivo y algo propio, fué absorbido por el elemento entonces necesariamente director, el castellano, que era el representativo de la época, y tenía, por tanto, la misión de ser la España de ella. Vino la decadencia del Renacimiento, y con ella la decadencia de la España castellana. Vino el siglo XIX, y todavía las guerras europeas y las luchas políticas por las ideas de la Revolución francesa, que hicieron el prestigio del parlamentarismo y de sus hombres, prolongaron la misión de la brillante y sonora Castilla en España. Pero todo esto está muriendo, y Castilla ha concluído su misión.

La nueva civilización es industrial, y Castilla no es industrial; el moderno espíritu es analítico, y Castilla no es analítica; los progresos materiales inducen al cosmopolitismo, y Castilla, metida en un centro de naturaleza africana, sin vistas al mar, es refractaria al cosmopolitismo europeo; los problemas económicos y las demás cuestiones sociales, tales cuales ahora se presentan, requieren, para no provocar grandes revoluciones, una ductilidad, un sentido práctico que Castilla no solamente no tiene, sino que desdeña tener; el espiritu individual, en fin, se agita inquieto en anhelos misteriosos que no pueden moverse en alma castellana, demasiado secamente dogmática. Castilla ha concluído su misión directora y ha de pasar su cetro a otras manos.

El sentimiento catalanista, en su agitación actual, no es otra cosa, que el instinto de este cambio; de este renuevo. Favorecerle es hacer obra de vida para España, es recomponer una nueva España para el siglo nuevo; combatirle, directa o tortuosamente, es acelerar la descomposición total de la nacionalidad española, y dejar que la recomposición se efectue al fin fuera de la España muerta.

Y ¿cómo se ha de favorecer el movimiento catalanista en el sentido de la España nueva? Pues abriéndole toda la legalidad, tan ancha como su expansión la necesite; dejando que esta expansión informe la legalidad; facilitándole la propaganda para que se integren en él todos los impulsos vivos y progresivos; aportando a él los residuos de dirección del viejo espíritu castellano: convirtiéndolo en una palingenesia nacional.

Esta palingenesia resultará quizás penosa y turbulenta, porque en ella habrán de ponderarse y equilibrarse libremente todas las fuerzas que quedan en España; pero es cuestión de vida o muerte. Si España muriese en esta recreación de su espiritu nacional, por no poder ya resistirla, su muerte sería gloriosa y fecunda en la historia, porque habría muerto en un esfuerzo de vida; mientras que, de resistirse a ella, morirà, asi como así, en tristes y estériles convulsiones de muerte definitiva.

He aquí, pues, lo que significa el movimiento catalanista: un amor y una busca de la vida; un horror y un huir de la muerte. Por esto decimos que el catalanismo es, ante todo, una cuestión de sentimiento.

Que venen els fatxes!

Doncs que vinguin. Ja hi ha bastant gent que ho diu obertament. Hi ha bastant gent que estem cansats del conte de Pere i el llop. I hi ha molta gent cansada que l’únic discurs polític actual de l’esquerra, en general, és «que venen els fatxes».

Doncs potser seria hora que vinguessin, de forma que poguéssim veure realment en què consisteix això de «els fatxes». Que són populistes? Doncs sí. I ho són de la mateixa forma que ho van ser Podemos. I al populisme comunista podemita no només se li ha permès tot, sinó que en menys de quinze anys han aconseguit arribar a la vicepresidència del país.

Potser seria hora que arribessin, els fatxes i acabem d’una vegada amb el discurs de la por. Que vingui la ultradreta nacionalista espanyola. I donem-li la benvinguda. Com tots els nacionalistes, el nacionalisme espanyol acabarà moderant-se. No només perquè gran part del que defensen és irrealitzable, sinó que tampoc és gaire plausible que, un cop al govern de diferents autonomies, executin la seva idea de desmantellar just aquells llocs on han aconseguit tocar poder.

L’arribada de la ultradreta nacionalista espanyola potser serveix per veure realment que, com en tots els nacionalismes, el seu discurs està buit. Potser no tan buit com el de la pseudoliberalitat espanyola de Ciutadans. Com tothom hauria de recordar, Ciutadans és el partit que va guanyar les eleccions catalanes de 2017 i que, podent governar «la Catalunya real» que tant deien defensar, van quedar-se immòbils, com un conillet al mig d’un camí de cabres, espantat davant els llums d’un cotxe, incapaç d’apartar-se i que, finalment, acaba atropellat.

I no només això. Sent un partit clau per a la investidura del president del Govern espanyol actual, el mateix partit va tornar a fugir d’estudi, i només va reaccionar quan les enquestes indicaven, dos dies abans de repetir eleccions, la possible pèrdua de gairebé la meitat d’escons aconseguits, i la repetició de la desfeta a Catalunya: dels 36 escons l’any 2017, als 6 del 2021. I de moment tot pinta que a les pròximes eleccions andaluses del juny del 2022 es pot tornar a repetir la desfeta. Per què? Perquè Ciutadans és purament discurs buit. No hi ha res al darrere. Només proclames sense contingut.

El cas de VOX potser és diferent. També és un partit nascut com de la reacció, i la seva pulsió nacionalista és molt més clara. Perquè a diferència de Ciutadans, s’ho creuen. Ja fa quatre anys que VOX va entrar al parlament andalús, i llavors, els tronats de sempre ja ens van dir que «havien arribat els fatxes a un parlament». Cal recordar que a Ciutadans també els van considerar com «la ultradreta», i Ciutadans té representació parlamentària a Catalunya des de 2006.

A diferència de Ciutadans, VOX no ha dubtat en portar el seu discurs populista arreu. I no només van donar «la sorpresa» a Andalusia, sinó que han aconseguit entrar al govern autonòmic de Castella i Lleó, amb una vicepresidència sense atribucions ni contingut, i la presidència de la mesa del Parlament. VOX ja està tocant poder. I un cop es toca poder, el discurs tremendista i estrident del populisme s’acaba diluint.

Perquè si es vol formar part de governs efectius, a menys que s’obtingui la majoria absoluta, i això cada vegada és més difícil, cal arribar a acords amb altres parts. I les altres parts, en política, són el contrapès. I tothom ha de cedir, perquè l’absurditat de «tot o res» acaba gairebé sempre en «res». I llavors no només es perd credibilitat, sinó que es pot perdre la quota assolida. Tots els nacionalismes fan el mateix: plorar justet per aconseguir el que volen. I si són llestos, ho fan sense matar la gallina dels ous d’or.

Per tant, que vingui VOX. Que se li doni la benvinguda a la classe, i que se l’interpel·li com cal: exposant els seus discursos falsos, i passant comptes de la seva acció de govern, quan calgui. Amb assertivitat i amb valentia; amb les dades a la mà, i les veritats a la cara. I quan abans arribi, millor.

Que vinguin els fatxes, i ja veurem si un cop instal·lats a les institucions que diuen voler fer desaparèixer —com per exemple les autonomies—, són capaços de renunciar a càrrecs de poder, a pressupost, a presència mediàtica i totes les tribunes que els permeten emetre el seu discurs nacionalista, que no és res més que la tradicional victimització: «la culpa que nosaltres estem malament és de l’altre», siguin els catalans, o els immigrants, o els homosexuals.

Què dieu? Que si guanyen llavors tindrem un problema gros? Si penseu això us esteu equivocant, perquè el problema gros el tenim ja ara. Els fatxes ja són aquí perquè s’ha defugit el problema durant massa anys. Fer «cordons sanitaris» i altres bajanades només ajudarà que el seu discurs sigui encara pitjor. Com a França, que estan retardant el tema cada cop més, fins que li donaran la majoria absoluta en safata de plata d’aquí no gaire, llavors a plorar. Fer absurdeses com l’assumpte de la impugnació fallida de la candidata Olona a Andalusia tampoc ajuda, i encara reforça el discurs.

No cal fer-los el joc, sinó deixar-los jugar. No només cal fer que arribin, sinó que es quedin. I que, amb paciència, dilueixin el seu discurs. Perquè ningú va dir que la democràcia fos una cosa fàcil i còmoda, i la majoria de vegades hem de compartir espais petits i poc ventilats amb molta gent i molt diversa. I precisament, com ens repartim aquest espai petit, mal ventilat i empudegat de suor —començant per la nostra—, és del que va, entre moltes altres coses, la democràcia.

Tinc un pla…

De les dues G, la del Govern i la del Gobierno, l’única diferència és la “v” o la “b”. Per tota la resta són el mateix. Incompetència pura. Els d’aquí perquè ens han demostrat que no poden portar ni una gestoria. I com que no en saben més, els que ens havien de portar un referèndum independentista vinculant, però no saben ni articular una consulta local, s’emboliquen a fer invents amb la llengua, trencant una cosa que, fins que la van començar a tocar fa anys, funcionava.

Els d’allà igual. Fa un mes que esperem unes mesures urgents, i ara resulta que el pla que el Presidente presentava ahir als mitjans i avui als ministres, necessitarà trenta dies per aprovar-se al Congreso. I un cop aprovat, a Europa l’han de revisar de nou per veure si és viable. I un cop es faci, ja estarem al juny, i ja no caldrà rebaixar el gas, perquè ens estarem fotent de calor.

Un pla digne d’Antonio Sánchez. Que fent veure que feia coses, ha evitat tota decisió, externalitzant la responsabilitat als altres, ha guanyat gairebé tres mesos i, com sempre, el seu pla de despesa l’acabarem pagant els ciutadans.

Política és prendre responsabilitats. Qui no vulgui prendre-les ni acceptar-les, que es dediqui al macramé. Qui no vulgui responsabilitat no hauria de presentar-se a unes eleccions ni postular-se a president de cap govern.

Sobiranisme, sobirania i la voluntat d’un poble

El concepte global «independentisme polític» no és més que una etiqueta afegida sobre el concepte del «nacionalisme polític». Pretén anar un pas més enllà, però en realitat es tracta d’un miratge. Molt pocs projectes polítics nacionalistes tenen la voluntat real d’aconseguir fundar, i mantenir, un Estat propi. El projecte català no n’és l’excepció, per molta gesticulació que faci. No ho és ara, ni ho ha sigut fins ara.

Amb aquest text intentaré explicar el perquè, i per això cal parlar seriosament de què és la sobirania, en què o en qui resideix, i què cal fer per assolir-la. I dic «seriosament», perquè a Catalunya s’ha intentat, amb èxit, vendre gat per llebre. Ens vam creure que ser sobirans era una cosa molt diferent de la realitat, i la realitat ens va explotar a la cara. Cal, per tant, expandir i aclarir el concepte de «sobirania política».

Un cop es descobreix la realitat de què és la sobirania política i, com a resultat, les implicacions que comporta, es presenta una decisió ben clara i fàcil: o s’està disposat a emprendre un camí sense retorn, o et plantes on ets i tornes enrere.

Començaré esbossant una part teòrica, que és aplicable a qualsevol cas, gairebé en qualsevol punt temporal i país, i després intentaré explicar el cas de Catalunya, sota la llum d’aquest prisma.

Apunts de teoria política sobre què és «ser sobirà» i com s’aconsegueix la sobirania política plena

La sobirania plena significa obtenir, i sobre tot controlar i mantenir, el poder executiu, és a dir l’Estat, i la seva atribució legítima i exclusiva per aplicar violència dins les seves fronteres, i defensar-les si arriba el cas. Agradi o no, això és així.

Per «violència» cal entendre el concepte en el seu espectre més ample. Des de la coerció punitiva amb multes, fins a la violència física directa contra persones. Un exemple d’aquesta són les actuacions policials quan els vaguistes o els manifestants intenten accedir per la força a un edifici governamental o a qualsevol altra institució.

L’accés per la força a qualsevol ens o immoble estatal serà comprès com una agressió per part de l’Estat, que actuarà en conseqüència, defensant-se. Evitem, si us plau, els judicis de valor sobre la justícia o no de qualsevol reivindicació, ja que és irrellevant per al tema que ens ocupa. D’altra banda, que l’Estat enviï a la policia a reprimir estudiants, vaguistes o a qui destorbi l’ordre públic, ens pot semblar més o menys just, però és la realitat, i cal tenir-la ben present.

Si un Estat no és capaç de defensar-se de les agressions, utilitzant si cal la violència física, acabarà dominat per aquell actor que exerceixi suficient violència sobre seu —sobre l’Estat indefens. Pot ser un altre Estat —guerra d’expansió—, o altres actors, com càrtels del narcotràfic, màfies, etc.

Quin incentiu té un Estat qualsevol a renunciar a qualsevol mena de poder? O se’l compra, o se l’expulsa. I per comprar a algú que té la capacitat de fer les lleis que apliquen a un territori, i especialment a recaptar impostos de forma infinita, es necessita una quantitat de diners infinita+1. Pensar que es pot aconseguir el control del poder executiu simplement demanant-ho és una il·lusió i un deliri.

Per tant, l’única forma possible d’assolir la sobirania plena i independitzar-te d’un Estat sobirà preexistent, és a través d’aplicar la violència que sigui necessària sobre aquell Estat per tal que aquest consideri que no li surt rendible —físicament o econòmicament, o el que sigui—, continuar controlant el poder. I això només s’obté a través de la lluita armada (terrorisme), d’una revolució oberta que segurament implicarà trets, o d’un cop d’Estat, si els rebels formen part del mateix Estat al qual volen derrocar (El discurso de la República, Antonio García-Trevijano, pp. 105-106).

El nacionalisme pretesament independentista català

I ara passem de la teoria política universal als casos pràctics locals. Recordem quan els controladors aeris van tensar tant la situació, que el ministre Rubalcaba va militaritzar-los i, finalment, desactivar les protestes. I recordem les seves paraules finals: «quien le echa un pulso al Estado, pierde».

Això de parlar de violència causa curtcircuits a moltes ments de Catalunya. No per res va ser una la segona comunitat amb més objectors de consciència als anys noranta https://elpais.com/diario/1992/01/21/espana/695948419_850215.html, jo entre ells. Per això, i per moltes altres causes, com la incultura política causada per l’extrema complaença —més sobre això en el futur—, que ens va portar a creure que el «sobiranisme» era allò del «dret a decidir», i que «votar és democràcia» —i per extensió, que «democràcia» és votar. Doncs no.

Sobiranisme és ser sobirà, i no hi pot haver dos Estats sobirans en igualtat de condicions —és a dir amb el monopoli de la violència— operant sobre un mateix territori al mateix temps: si jo sóc sobirà en/d’un territori determinat, tu no pots ser sobirà del mateix territori.

L’independentisme, en el moment que va entonar el «no volem morts», va rendir-se. Va demostrar que, en realitat, no reclamava exercir cap sobirania sobre res. O que si ho havia fet en algun moment, hi renunciava. Però és segur que deia que ho feia. Ara bé, l’únic objectiu era alimentar el seu relat de rebel·lió adolescent. Una altra cosa és que el relat de «el dia 1 d’octubre podria haver hagut morts de forma intencional» —perquè Espanya adora la sang— no s’aguanta per enlloc.

On sí que hi ha hagut morts per actuació policial, i bastants, és a França. Però el nivell i la intensitat no són, ni de lluny, els que es van veure a Catalunya l’octubre del 2017. Que va ser colpidor? Sí. Tanmateix ho va ser perquè la majoria pensava, perquè així vam escollir creure-ho en el fons, que seria com la revolta dels clavells a Portugal. I la Catalunya de l’octubre de 2017 no era, ni de bon tros, el Portugal de 1974, per molta imaginació que hi posem.

El 2017, l’independentisme polític va dir que volia exercir el dret a decidir, però arribat el moment va decidir que no decidiria. No obstant això, no decidir també és decidir, i també comporta conseqüències que han arribat en forma de mal entesa «repressió». Dic mal entesa, perquè aquesta «repressió» és el que fa un Estat sobirà —qualsevol, incloent-hi el que els independentistes deien que volien construir—, quan se l’ataca. I el nacionalisme només aconsegueix mantenir captius als seus votants dins la seva mateixa fantasia infantil, venent el relat de l’opressió i la repressió. Així és com es legitimen les aspiracions dels partits nacionalistes. Des d’«Espanya ens roba», fins a «Espanya ens pega». Sense repressió ni opressió, no hi ha relat nacionalista. Per això cada acció de l’Estat espanyol es veu, i es ven, com un acte repressiu —en el fons ho és, llegiu de nou la introducció d’aquest text—, per alimentar el relat en una espiral sense fi.

Sobirania: d’on emana, on resideix i per què l’independentisme català no l’ha volgut mai

Com diu la teoria política, i hem vist que expressa de forma particularment clara Antonio García-Trevijano (pp. 97), el nacionalisme busca la sobirania sempre en el poder executiu, sigui quina sigui la forma o règim de poder de l’Estat. Per altra banda, gairebé sempre s’entén que «la sobirania resideix en la nació/el poble/el Parlament/els electors/etc.» En realitat, la sobirania «emana» del poble, però resideix de forma exclusiva en la branca executiva del poder. Per què? Perquè és l’única branca capaç d’imposar les seves decisions, legals o il·legals, i si cal, fer-ho per la força.

Per tant, en el moment que s’aconsegueix la sobirania total, i es pot instaurar un nou Estat, desapareix la causa real del nacionalisme, que no és cap altra que oposar-se a l’Estat per donar autonomia a la seva cultura nacionalista. O això, o el nou Estat acabarà oprimint —que és una forma de violència— a les noves minories que pertanyen a la nacionalitat dominant anterior (García-Trevijano, pp. 104-105).

El govern autonòmic pretesament sobiranista de Catalunya va voler fer xantatge a l’Estat Espanyol, però no ho desitjava prou per a exercir un canvi, ja que d’assolir el canvi, es perdia tota causa i raó —i implicava haver de mantenir el canvi assolit, i això és molta feina. L’establishment català es va passar de frenada i els ciutadans ens vam empassar el bluf. L’Estat Espanyol no. No hi ha més.

Bé, sí que n’hi ha: els que havien de garantir el nou Estat estan gaudint de suport institucional —i econòmic a càrrec de la caixa pública—, mentre que els ciutadans privats estan sent jutjats per terrorisme i rebel·lia. L’establishment polític i el govern de la Generalitat els han tornat a deixar desprotegits per complet.

Però tornem al nostre tema d’avui. Cal tenir molt clar això de «no va desitjar prou». Quan la situació arriba a ser realment dolenta, i només llavors, és quan hom vol fer efectius els canvis. Si al final del camí no es va optar pel canvi en la sobirania, és que la situació, en realitat, potser no és tan dolenta. «Que no estamos tan mal!», com deia en Laporta, frase que potser és molt més certa del que ens pensem.

I si, com passa a Catalunya, la situació no és tan extrema com per fer que et surti més a compte que et matin, la revolta no és la solució. La lluita armada encara menys. Per molta imaginació que s’hi posi, Catalunya no ha viscut en un règim d’esclavatge i sotmetiment —ni com a la França revolucionària, ni com a la Revolució Americana, per molt que la darrera la tinguem, jo el primer, mitificada—, ni res que se li assembli, mai en la seva història.

Tornem, ara, al dilema de l’exercici de la violència. L’experiment de voler fer una «revolució pacífica» no va funcionar. Ni funcionarà mai. Ni a Catalunya ni enlloc. Mai de la vida ningú s’ha plantat, amb èxit, davant de qualsevol poder executiu d’enlloc, i demanant-li educadament «mirin, a partir d’ara vostès marxen a casa pacíficament, i nosaltres ens encarregarem de gestionar tot això». Qui realment ho pensi, té un problema de desconnexió amb la realitat.

Algú podrà treure el tema de la lluita no violenta. Aquest és un altre concepte que s’ha entès malament. La lluita no violenta, de no violenta no en té res en absolut. De fet, és infinitament molt més violenta. En primer lloc, força als ciutadans a exercir d’escut humà i parar amb els seus cossos, de forma única i exclusiva, la violència física de l’Estat, per defensar una idea o una institució. Això és una trampa d’una perversitat espantosa.

A aquesta violència física directa contra les persones, cal afegir la violència interna de les mateixes persones, que hauran de lluitar contra el seu propi instint de supervivència per no moure ni una cella, i acceptar de bon grat la possibilitat de morir. I el mateix passa amb les vagues de fam. La «resistència no violenta» implica que els ciutadans siguin l’objecte únic i exclusiu d’una violència que els pot causar la mort, per defensar aquelles institucions que, en situacions de normalitat i amb persones de ment sana, haurien de ser els recipiendaris d’aquesta violència. I això cal dir-ho ben clar. I qui no ho vegi clar, que demani cita a teràpia psicològica. Ara bé, un cop la persona que vulgui adherir-se a la lluita o resistència no violenta —de nou, tinguem present que parlem de «lluita» i de «resistència», que tenen el seu significat ben clar—, si la persona accepta les conseqüències, inclosa la possibilitat de morir, que actuï en conseqüència.

Per tant, o s’escull «morir per a», o cal estar disposat a «matar per a». No hi ha volta de full, i a mi no m’hi compteu en cap de les dues opcions. Catalunya, en aquest aspecte, no inventarà res, i els seus ciutadans hauran de decidir, millor abans que després. La lluita no violenta no crec que sigui cap opció. Molts ja la van experimentar el dia 1 d’octubre del 2017, i crec que ja no engresca. Qualsevol persona normal, un cop l’han atonyinat de valent o ha vist com ho feien amb qui tenia just al costat, no voldrà repetir l’experiència. Les vagues de fam no crec que siguin opció, tampoc.

D’altra banda, queda l’opció fantasiosa, estèril i que cal rebutjar del tot, de reprendre el camí de la lluita armada —recordem que les víctimes del terrorisme indepe van ser els mateixos terroristes, als quals explotaven les bombes als dits. I dels diferents casos de lluita armada, el més recent és el d’ETA. Ni amb més de trenta anys de trets i bombes van aconseguir cap concessió. «Quien le echa un pulso al Estado, pierde». Entre moltes altres coses, perquè un Estat té tot el temps del món i tots els recursos a l’abast.

Així doncs, com opció final i de fet l’única viable, només queda créixer, fer-se grans i acceptar la possibilitat de viure bé i tranquils, dins un espai de llibertat i prosperitat. Però per això, els ciutadans de Catalunya haurem de lluitar i demostrar que ho volem de veritat. Cal acceptar responsabilitats personals i col·lectives. A partir d’aquí, caldrà treballar per buscar, i trobar, un encaix de Catalunya dins Espanya.

Jo m’he fet gran. La lluita armada no la desitjo. Ni ara, ni el 2017, ni abans ni després. I no vull que ningú mori per mi. A mi deixeu-me viure bé i tranquil.

La veritat sobre l’independentisme polític català

Si es llegeixen aquests paràgrafs atentament, es comprendrà la situació actual de l’independentisme polític. I que aquesta situació no és casual, sinó basal.

La figura de Garcia-Trevijano és fascinant. I la seva obra, bonissima. A Catalunya de’l considera una mena de “papus”, però seria interessant que s’estudiessin els seus llibres.

Se’ns passarien moltes neures infantils, i crec que ens ajudaria a la transició de l’adolescència a la maduresa polítiques. La renaixença infantil ha de quedar tan sols com un record. Una foto esgrogueida i gastada.

Catalunya, Twitter i populisme polític

Photo by visuals on Unsplash

Diumenge 6 de març, al Quadern central d’El País, Ana Pazos publicava un article on comenta el tema del wokeisme, i de la política feta per a certs sectors de Twitter en comptes de destinar-la a un electorat ample. Ja fa anys que parlem de la futbolització de la política –i de la premsa. Però darrerament, bé, en els darrers gairebé deu anys, s’ha twitteritzat. És a dir, que la política es fa des de i per a Twitter.

Un dels problemes que hi veig és el següent: jo m’he assabentat que existeix una cosa anomenada «woke» fa, amb prou feines, tres setmanes. Tres setmanes és el temps que fa que torno a treure el cap per Twitter. Woke aquí, woke allà. Maquíllate, maquíllate. I ara resulta que quan arribo, ja és una cosa passada de moda a la xarxa, i «només ho diu la gent gran». I resulta que això existia des del 2018!

En resum: que mentrestant tota la cultura política es mou dins de Twittter, les persones que no habiten a Twitter no saben què vol dir «woke», ni què pebrots és la «cultura woke» –un cop la descobreixes, més que «cultura woke», potser caldria parlar de «cultura Ewok», que és com en Chewacca, però en petit i sense gaires llumeneres. Això significa que tenim un problema de dissociació amb la realitat. Un problema brutal.

I un punt central d’aquesta dissociació és que la classe política no es comunica amb el seu electorat. Comunicació en el sentit de comunicar uns les seves necessitats, els altres entendre-les i respondre intentant satisfer-les. Aquesta és una qüestió que té una incidència especial.

Des de fa gairebé vint anys que, de tant en tant, escric als que considero els meus representants polítics. Diputats, diputades –al Parlament, al Congreso i al Parlament Europeu–, i regidors i regidores. No compto les cartes i correus-model enviats en diferents campanyes en les quals he participat. Però sí que compto emails personals. En tots aquests anys, només he rebut dues respostes. Una del president Artur Mas pocs dies després de resultar investit. La segona per Ramon Tremosa, membre del Parlament Europeu.

Les darreres cartes que he enviat van ser, per una banda, a totes les diputades d’Esquerra de Catalunya (la R val més no parlar-ne) en ocasió de la tramitació de la «Llei Iceta»; i també una consulta a la diputada de Demòcrates al Parlament de Catalunya, Assumpció Lailla –i al compte genèric de Demòcrates de Catalunya al Parlament–, preguntant si es faria alguna pregunta al Govern per haver mentit durant dos anys en el nombre d’ingressos per causa de covid. De cap n’he rebut resposta. Ni un trist email automatitzat.

Com hem dit, tota la política es mou només pel que es diu a Twitter. Allà sí que hi ha debat –si a allò li podem dir alguna cosa. I això, repetim-ho, és un problema. Per moltes raons. La primera d’elles, perquè Twitter no és representatiu del demos de cap país, menys encara de Catalunya o d’Espanya. Aquí teniu un petit estudi d’estar per casa, aprofitant el cas del famós «Manifest pel Referèndum Unilateral d’Independència» de 2016.

Per als mandrosos que no vulguin llegir els dos articles, us copio un breu extracte del primer:

Segons diferents números i estudis, el nombre d’usuaris de Twitter a Espanya és una xifra situada entre 5 i 7 milions de persones, més o menys del 10 al 15% de la població. A Catalunya aquestes magnituds serien, si no iguals, molt semblants.

En realitat el nombre ha de ser bastant més baix. Els usuaris de Twitter més grans de 55-60 anys són molt pocs, però la població d’aquesta franja és molt alta. Acceptem 12% com a «nombre d’usuaris de Twitter respecte a la població de Catalunya». Això ens deixa menys d’un milió de persones.

https://arfues.wordpress.com/2016/08/17/sobre-el-populisme-constructiu/

Recordem que aquestes dades són de 2016, així que la cosa pot haver canviat. Però tampoc gaire. Cal tenir present que parlo d’usuaris reals. La majoria d’usuaris actius de Twitter són generats automàticament, bots programats per amplificar el discurs que toqui. Com a nota final, i si no han canviat la seva política, Twitter no publica les dades dels seus usuaris, ni dels reals ni dels bots.

És a dir, que si Som set milions, podríem parlar d’uns 700.000 usuaris a Catalunya. D’aquests, cal descomptar comptes inactius, comptes corporatius i institucionals, comptes B i C —un compte B és el que em faig jo d’amagat—, etc. És a dir, que el nombre de persones físiques —de la descripció legal de «persona física», amb DNI— a Twitter és bastant baixa.

Dit això, l’extracte del segon article, on comentava dos números del cas d’èxit del manifest del RUI:

El 90% del debat sobre el RUI s’ha fet a Twitter, target obvi del Manifest en si, com bé apuntaven alguns. I Twitter no és ni de bon tros «l’esfera pública».

[…]

Però si anem a veure la quantitat de signataris del Manifest [del RUI], en el moment d’escriure aquest text són 14338 –i a l’hora de revisar-lo, 24 hores després, 14350–. Amb prou feines un Palau Sant Jordi.

Tinguem en compte que el mínim per presentar una Iniciativa Legislativa Popular al Parlament són 50000 signatures, i que 14350 és el 0,7% dels 1 957 348 de vots de JxS i CUP del 27 de setembre.

https://arfues.wordpress.com/2016/08/02/el-manifest-del-rui-clictivisme-exitos/

Per tant, l’agenda política de Catalunya es va modificar a Twitter, però amb menys de la meitat de persones físiques necessàries per a iniciar una ILP al Parlament de Catalunya. Si traslladem això al sistema mètric de «camps de futbol» –per als lectors de ciències–, no s’hauria omplert l’antic Mini Estadi del Barça. Després ens posarem les mans per les interferències electorals, i Facebook i els bots russos als Estats Units, eh? Que no falti!

Hi torno: el terrabastall que va causar el tema del manifest del RUI a Twitter, que es va traduir menys de 15000 persones reals, amb DNI, signant una petició, va causar un gir de dimensions importantíssimes a la política catalana. Això no és activisme a Internet. Això és un problema greu de populisme.

Si hi sumem que les demandes directes dels ciutadans reals als seus representants s’ignoren sistemàticament, el problema s’agreuja. La política ha de servir a les persones. Es fa per persones, i els seus fruits han d’anar destinats a les persones, no als usuaris de qualsevol xarxa social. Ni els partits tampoc s’han de deure al nombre de seguidors d’aquestes mateixes xarxes socials.

Una cosa és el concepte d’«opinió pública», però una altra cosa molt diferent és una aplicació informàtica que, només i exclusivament dins del seu propi àmbit, provoqui molt soroll, però no tingui cap incidència real a la vida de la majoria de ciutadans. En cap cas pot prendre’s aquesta —ni qualsevol!— aplicació informàtica com a representativa de la població. Per moltes raons que no caldria enumerar. Si cal enumerar-les, és que tenim un problema afegit sobre comprensió del funcionament d’una democràcia representativa.

El debat polític no es pot fer [únicament] a Twitter. Perquè ni allà hi ha debat, ni Twitter és representatiu de la societat. La política ha de marxar de Twitter i ha de tornar a mirar cap a les persones reals. Potser així les absurditats que hem vist els darrers deu anys es reconduirien, i es podria intentar fer alguna cosa pràctica. Quelcom útil per a la societat, i no passar-se el dia fent fotos per publicar-les a les xarxes socials. Que després ens queixarem molt fort, «que venen els fatxes!».

Mucho ruso, en Girona

Ara que alguns diuen que s’està esborrant el rastre dels contactes entre el president Puigdemont i alguns oligarques russos, ès adient recordar aquest parell d’articles sobre la presumpta relació entre el president del Consell de la República, el MHP Carles Puigdemont, i el magnat Vyacheslav Aminov.

També se li podria comentar al president Aragonès, per tal que procedeixi, com va prometre fa pocs dies, a complir amb les sancions aplicades per la UE, i comenci a investigar les propietats del sr. Aminov a la provincia de Girona.

Les fotos no les poso, perquè estan subjectes a drets d’autor.

E(u)logi a Pau Riba

Mai em va agradar, en Pau Riba. Com a tots els artistes rics, que poden ser artistes perquè ho tenen tot pagat, em creava reticència. I un cert rebuig. Per això no li vaig prestar gaire atenció.

Però com ens passa a la majoria de la població, ens interessem per les coses quan ens cauen a sobre. Aquests dies, aprenem alguna cosa més que a Donetsk hi jugava el Shaktar. O ens interessem per un artista —cantants, escriptors, cineastes…— quan mor, o quan li donen un premi Nobel. Només cal recordar l’augment d’experts en Kapuscinski, o quan tothom havia llegit molt a Ana Politkóvskaya —tant, que no m’explico com fa dues setmanes que només veig “[no] ho vam veure venir” a tot arreu. O fins i tot en Jenthros Bluenipple! Tots coneguts després que aconseguissin els seus premis.

Però cal donar al Cèsar allò que és del Cèsar. I Riba, potser precisament per venir d’on venia, del cabdell cultural-burgès de Catalunya, deia el que deia. Com per exemple allò de destruir la cultura catalana. Enorme! Quanta falta fa, lluitar contra la buidor i destruir el cartró pedra!

Riba en formava part, d’aquella cultura carrinclona. En formava part per família de sang. Com els Maragall, en Riba era part d’una família d’artistes. Uns van dedicar-se a l’espectacle, ell a la música.

Destruir la cultura catalana carrinclona, que pretenia ser alta i emmirallar-se amb els francesos del 68. Quan desconeixes el món, allò que tens a prop sempre t’enlluerna. Saber que existeixen altres coses et dóna molta més perspectiva. Pau Riba, com els bons investigadors, sabia de l’existència d’altres coses.

I com els patidors de la carrincloneria, en va fugir ben aviat i va canviar la parsimònia buida i sense res a dir de la França del 68 pels Estats Units. Com els qui en saben, va preferir la revolució americana a la francesa. La substància a la buidor. La contracultura de veritat a la revolució. L’àcid a fer veure que fumes en pipa. La consistència d’anar a viure a una cova a viure per a l’establishment.

Potser per això, per ser tan iguals, no li vaig fer gaire cas. Però ara que escolto les seves obres, doncs tampoc diré «quina obra mestra, el Dioptria!». Té cosetes, sí. Però d’aquí a considerar-lo el millor disc català del segle XX…

En fi. Fa dues setmanes, en Gallardo. Ara en Riba. La generació de la Transició, transita cap a l’Orient Etern, i els que quedem aquí, veiem el que hi ha, i cada cop tenim menys ganes de res. Que la terra et sigui lleu, i que allà on siguis, segueixis atacant la mentida, disfressada de cultura o de qualsevol cosa. Com a catalans, potser diferiem en la forma. Però crec que estavem d’acord en el fons.